Jimmy se acerca al sitio de Mike mientras yo le sigo mirando. Me está diciendo que no voy a salir de aquí ni en mis sueños. Vaya, si me quedaba algo de esperanza ya se ha encargado él de acabar con ella.
Jimmy alza el puño hacia Mike. Sí, pégale, pienso con cabreo. Aunque dudo de que aunque Jimmy quisiese pegarle lo consiguiese. Mike parece mucho más rápido, ágil y fuerte.
Pero Mike le choca el puño como si nada. Son amigos. No lo puedo creer, un chico tan agradable como Jimmy, ¿amigo de esa especie de "destroza-sueños"? El mundo está definitivamente loco.
Jimmy se gira hacia mí con una sonrisa.
-¡Angela!¿Te ha gustado la clase?-se interesa. Qué mono es... Pero por detrás veo a Mike, sonriéndome como si se riese de mí y me dan ganas de darle de bofetadas para que se aleje de él.
-Lo cierto es que no me he enterado mucho-admito, jugando con mi pelo. Jimmy mira a Mike.
-No se callaba, ¿no?
-No tengo la culpa de ser tan encantador-dice Mike encogiéndose de hombros.
-¡Claro que no!-le da la razón April, apareciendo por allí como por arte de magia. Será pelota...
-Pues Literatura es de las mejores clases que hay aquí-me avisa Jimmy.-Las demás son un lento asesinato.
Pero yo no le esucho. Estoy observando a April, que mira con ojitos de cordero a Mike, que la ignora. Lo cierto es que dado lo atractivo que es Mike y lo poderosa que parece April, pensaba que estaban saliendo. Entonces April, al darse cuenta de que Mike la ignora, deja caer sus libros como si nada al suelo, y pone cara de pena.
-Mike,-le llama, haciéndose la víctima- ¿puedes cogerlos?
Mike se agacha a cogerlos y se los da, pero me mira a mí. Entonces parece como si se despertase y viese a April por vez primera. La sonríe con todos los dientes y la paso un brazo por los hombros. April pone cara de suficiencia y salen los dos juntos por la puerta. A lo mejor sí que están saliendo. Lo más probable es que sí, pero no me atrevo a preguntárselo a Jimmy, que me sigue hablando como si nada.
-¿Tú lo entendiste?-me pregunta después de cinco minutos de monólogo. No me he enterado de nada de lo que me ha dicho así que le contesto:
-Lo cierto es que no-me encojo de hombros.-Pero me tengo que ir corriendo a clases de Matemáticas-digo, mirando el horario.- Luego te veo-me despido.
Ya son las doce de la noche después de un día agotador de clases a las que casi no sobrevivo. ¿Cómo voy a aguantar un año si no he aguantado ni un día casi? Y encima no puedo dormir. Hace mucho calor asíque salgo de la cama y me dirijo al alféizar de la ventana, que es lo suficientemente ancho para permitirme sentarme. Dejo que el viento me eche el pelo hacia atrás mientras miro el recreo, iluminado por la luz de la luna.
De repente, una sombra oscura aparece en la esquina de un edificioy sale corriendo para llegar al recreo. Desde ahí, mirando a un lado y a otro para comprobar que nadie la ve, corre hacia otro edificio, donde se cuela. Yo me la quedo mirando, esperando que haya sido tan solo mi imaginación. Según me han informado, los edificios se cierran a las diez y está completamente prohibido salir de los edificios.
Lo atribuyo a mi sueño y me meto de nuevo en la cama, dispuesta a dormir.
jueves, 26 de mayo de 2011
sábado, 21 de mayo de 2011
Capítulo 4. Mike.
-Violé a una chica-dice con tranquilidad. Yo abro mucho los ojos, y me empieza a entrar miedo. ¿Y si me viola? Tengo ganas de alejarme corriendo de él y... Todo se interrumpe cuando suelta una carcajada. Era una broma. El muy cabrón se está quedando conmigo y mi cara debe de ser todo un poema.-Me metí en demasiadas peleas que no acabaron demasiado bien.
-¿Mataste a alguien?-La alternativa sigue sin ser demasiado tranquilizadora. Niega con la cabeza.
-Aunque ganas no me faltaron-dice con rencor. Me dan ganas de preguntarle, pero dudo que me conteste.
-Señorita Hope, ¿quiere ilustrirnos usted?-me llama la atención la profesora. Noto todas las miradas de la clase puestas en mí, a la espera de que falle y puedan reirse. Bueno, pues es un placer que no les pienso conceder.
Alzo la cabeza y les pongo cara de asco, cuando le digo a la profesora:
-No, gracias.-Nadie se ríe, excepto (otra vez) mi compañero.
-¿Esque te hace gracia todo lo que digo?-le pregunto con frialdad en un susurro.
-Creo que te tomas demasiado enserio a ti misma, Aladdina-me susurra con una sonrisa.
¿«Aladdina»?¿Cuándo hemos pasado a tener tanta confianza?
-¿Aladdina?-le pregunto.
-Aladdin era un ladrón, y tú también lo eres, por lo tanto eres Aladdina-me dijo como si fuese imbécil y me costase. Me estaba cansando de sus aires de superioridad. Me daban ganas de zarandearle y gritarle: "¡No estoy loca!". Pero entonces le demostraría que, en efecto, lo estoy.
-¿Y cuál es tu nombre, si se puede saber?-le pregunté.
-No, no se puede saber-se burló de mí. Le miré con odio. ¿Por qué le gustaba tanto volver mis propias palabras contra mí? Soltó una risa antes de decir:- Mike.
-Mike-repetí yo-, ¿nunca te han dicho...?
-¿Lo guapo que soy?-me interrumpió su ego.
-No, que tus motes son una mierda.- Zasca. A ver qué contestaba el listillo.
Se limitó a soltar una risita al decir:
-Créeme que es el mejor mote que te pondrán aquí.
Sí, me dejó callada. Volví a mirar a la clase y a pensar en el futuro. Una sensación de ahogo y encarcelamiento se asentó en mi tripa, al pensar en el largo año que me quedaba ahí. Y a cada segundo que pasaba, parecía más largo en vez de acortarse.
Miré a Mike, que estaba relajado, mirándome con una clara burla en los ojos. Sabía lo que estaba pensando, como una persona con experiencia sabe leerle la mente a un novato. Yo tan solo era el ratón nuevo en una cárcel llena de gatos. Sin escapatoria.
"Debo de padecer el síndrome del recién encarcelado, nada más", me intenté consolar. Seguramente todos habían acabado por acostumbrarse a esta vida y a tomárselo como un internado normal. Seguía con la esperanza de que mis padres apareciesen de un momento a otro y me sacasen de allí.
Mike seguía mirándome. Y, con una sonrisa de medio lado, me susurró:
-Siento decirte que aquí no hay lámparas mágicas, Aladdina.
-¿Mataste a alguien?-La alternativa sigue sin ser demasiado tranquilizadora. Niega con la cabeza.
-Aunque ganas no me faltaron-dice con rencor. Me dan ganas de preguntarle, pero dudo que me conteste.
-Señorita Hope, ¿quiere ilustrirnos usted?-me llama la atención la profesora. Noto todas las miradas de la clase puestas en mí, a la espera de que falle y puedan reirse. Bueno, pues es un placer que no les pienso conceder.
Alzo la cabeza y les pongo cara de asco, cuando le digo a la profesora:
-No, gracias.-Nadie se ríe, excepto (otra vez) mi compañero.
-¿Esque te hace gracia todo lo que digo?-le pregunto con frialdad en un susurro.
-Creo que te tomas demasiado enserio a ti misma, Aladdina-me susurra con una sonrisa.
¿«Aladdina»?¿Cuándo hemos pasado a tener tanta confianza?
-¿Aladdina?-le pregunto.
-Aladdin era un ladrón, y tú también lo eres, por lo tanto eres Aladdina-me dijo como si fuese imbécil y me costase. Me estaba cansando de sus aires de superioridad. Me daban ganas de zarandearle y gritarle: "¡No estoy loca!". Pero entonces le demostraría que, en efecto, lo estoy.
-¿Y cuál es tu nombre, si se puede saber?-le pregunté.
-No, no se puede saber-se burló de mí. Le miré con odio. ¿Por qué le gustaba tanto volver mis propias palabras contra mí? Soltó una risa antes de decir:- Mike.
-Mike-repetí yo-, ¿nunca te han dicho...?
-¿Lo guapo que soy?-me interrumpió su ego.
-No, que tus motes son una mierda.- Zasca. A ver qué contestaba el listillo.
Se limitó a soltar una risita al decir:
-Créeme que es el mejor mote que te pondrán aquí.
Sí, me dejó callada. Volví a mirar a la clase y a pensar en el futuro. Una sensación de ahogo y encarcelamiento se asentó en mi tripa, al pensar en el largo año que me quedaba ahí. Y a cada segundo que pasaba, parecía más largo en vez de acortarse.
Miré a Mike, que estaba relajado, mirándome con una clara burla en los ojos. Sabía lo que estaba pensando, como una persona con experiencia sabe leerle la mente a un novato. Yo tan solo era el ratón nuevo en una cárcel llena de gatos. Sin escapatoria.
"Debo de padecer el síndrome del recién encarcelado, nada más", me intenté consolar. Seguramente todos habían acabado por acostumbrarse a esta vida y a tomárselo como un internado normal. Seguía con la esperanza de que mis padres apareciesen de un momento a otro y me sacasen de allí.
Mike seguía mirándome. Y, con una sonrisa de medio lado, me susurró:
-Siento decirte que aquí no hay lámparas mágicas, Aladdina.
jueves, 19 de mayo de 2011
Capítulo 3. La nueva.
El despertador suena a las siete de la mañana. El desayuno no empieza hasta las ocho, pero no quiero ir apurada.
Miro hacia la cama de April y veo que la he despertado y se está frotando los ojos. Me dirijo al baño, pero ella ve mis intenciones y sale corriendo, empujándome a un lado, para llegar ella antes. Cierra la puerta mientras yo sigo anonadada. Desde luego, mi impresión sobre ella no está mejorando, precisamente.
-¡Date prisa!-le grito a April.
-¡Haberte levantado antes!-me grita con una carcajada.
Como ya suponía, acabo vistiéndome a toda prisa porque April ha tardado 45 minutos contados en salir del baño. Me mira con una sonrisa malvada mientras yo me agobio. No me va a dar tiempo ni a desayunar.
-¡Mira que eres lenta!-me dice antes de salir por la puerta con una sonrisa airada. Menuda gilipollas.
Acabo de vestirme y me dirijo con prisas al comedor sin mirar ni adonde voy. Ni siquiera sé donde está el comedor. Con tan mala pata que tropiezo con un chico y casi le tiro.
-¡Angela!-me saluda. Paro un momento y le miro. Es Jimmy. O más bien Jimmy el salvador, porque acaba de salvarme la vida.
-Jimmy, me he perdido-digo con tono lastimero.
-¿Adónde vas?-me pregunta con una sonrisa encantadora. Yo abro la boca para contestarle, cuando mis tripas protestan.-Ah-dice con una carcajada.
Me acompaña al comedor mientras me habla. Esto promete.
-¿Cuál es tu primera clase?-me pregunta. Miro el horario que llevo en la mano y contesto con un suspiro:
-Literatura universal.
-Entonces allí te veo-se despide, cuando me doy cuenta de que estamos ante las puertas abiertas del comedor.
Hileras de mesas de madera se extienden ante mis ojos. Al fondo, una especie de buffet con cereales, leche, tostadas, bacon, huevos y tortitas. Mi estómago ruge como diciendo "¿a qué esperas? ¡Ataca!" Y yo no me hago de rogar, yendo directamente a por las tostadas.
Podría deciros que comí saludablemente rodeada de gente amable que bebía las palabras que salían de mi boca, pero lo cierto es que comí más sola que la una y tanto que acabó doliéndome la tripa.
Y aquí estoy, en clase de Literatura, a punto de vomitar.
-Tenemos una nueva adquisición en la escuela-dice la señorita Ray, la profesora de Literatura. Genial, ahora soy un objeto. "Adquisición". Qué mal suena.-Espero que se sienta bien recibida en una escuela donde las personas labran su futuro sin importar lo que han hecho-me recuerda, poniéndome una mano en el hombro.
Bonito discurso, sí señor, pero yo hubiese cambiado algunas cosas. Hubiese dicho: "espero que se sienta bien recibida en una escuela donde los delincuentes en potencia son encerrados y apartados del mundo por sus delitos, mientras se les hace creer que es un instituto normal y corriente". Aquí las típicas animadoras repelentes son camellos piradas y astutas. Los típicos jugadores de rugby, tios que se metieron en peleas y robaron bancos a mano armada. Permítame contradecirla, profesora, pero esto está muy lejos de ser una escuela normal.
Me dirijo a mi sitio en silencio, con la cabeza bien alta, mientras todos me dan un repaso y me cuelgan la etiqueta de «novata», que espero que no sea la misma que «persona a la que putear», o acabarán mal. Me canso de sus miradas cuando ya estoy sentada en mi pupitre en última fila y salto:
-¿Qué cojones estáis mirando?-Con la respectiva cara de asco. Todos se giran de nuevo a mirar hacia la profesora, con un pelín más de respeto.
Todos menos el tio que se sienta a mi lado, que no me ha mirado en ningún momento excepto cuando he entrado, y que no me mira ni ahora, cuando suelta una risita por lo bajo. Es moreno, con los ojos más verdes que he visto en mi vida.
-¿Qué te hace tanta gracia?-le ladro, prácticamente.
-Tú.-Me mira al fin, a través del oscuro flequillo que le tapa los ojos.-No cuela el papel de chica dura.
-No interpreto ningún papel, solo advierto de lo que ocurrirá de molestarme.
-No ocurrirá nada. No creo que te hayan destinado aquí por ningún delito grave.
-Depende de lo que consideres grave.
-¿Qué hiciste?
-Robar.
-¿A mano armada?-pregunta, divertido.
-No, solo cogí y me pillaron-me encojo de hombros.
-Lo que yo decía.
-¿Qué te pasó a ti?-Ahora tengo curiosidad.
Miro hacia la cama de April y veo que la he despertado y se está frotando los ojos. Me dirijo al baño, pero ella ve mis intenciones y sale corriendo, empujándome a un lado, para llegar ella antes. Cierra la puerta mientras yo sigo anonadada. Desde luego, mi impresión sobre ella no está mejorando, precisamente.
-¡Date prisa!-le grito a April.
-¡Haberte levantado antes!-me grita con una carcajada.
Como ya suponía, acabo vistiéndome a toda prisa porque April ha tardado 45 minutos contados en salir del baño. Me mira con una sonrisa malvada mientras yo me agobio. No me va a dar tiempo ni a desayunar.
-¡Mira que eres lenta!-me dice antes de salir por la puerta con una sonrisa airada. Menuda gilipollas.
Acabo de vestirme y me dirijo con prisas al comedor sin mirar ni adonde voy. Ni siquiera sé donde está el comedor. Con tan mala pata que tropiezo con un chico y casi le tiro.
-¡Angela!-me saluda. Paro un momento y le miro. Es Jimmy. O más bien Jimmy el salvador, porque acaba de salvarme la vida.
-Jimmy, me he perdido-digo con tono lastimero.
-¿Adónde vas?-me pregunta con una sonrisa encantadora. Yo abro la boca para contestarle, cuando mis tripas protestan.-Ah-dice con una carcajada.
Me acompaña al comedor mientras me habla. Esto promete.
-¿Cuál es tu primera clase?-me pregunta. Miro el horario que llevo en la mano y contesto con un suspiro:
-Literatura universal.
-Entonces allí te veo-se despide, cuando me doy cuenta de que estamos ante las puertas abiertas del comedor.
Hileras de mesas de madera se extienden ante mis ojos. Al fondo, una especie de buffet con cereales, leche, tostadas, bacon, huevos y tortitas. Mi estómago ruge como diciendo "¿a qué esperas? ¡Ataca!" Y yo no me hago de rogar, yendo directamente a por las tostadas.
Podría deciros que comí saludablemente rodeada de gente amable que bebía las palabras que salían de mi boca, pero lo cierto es que comí más sola que la una y tanto que acabó doliéndome la tripa.
Y aquí estoy, en clase de Literatura, a punto de vomitar.
-Tenemos una nueva adquisición en la escuela-dice la señorita Ray, la profesora de Literatura. Genial, ahora soy un objeto. "Adquisición". Qué mal suena.-Espero que se sienta bien recibida en una escuela donde las personas labran su futuro sin importar lo que han hecho-me recuerda, poniéndome una mano en el hombro.
Bonito discurso, sí señor, pero yo hubiese cambiado algunas cosas. Hubiese dicho: "espero que se sienta bien recibida en una escuela donde los delincuentes en potencia son encerrados y apartados del mundo por sus delitos, mientras se les hace creer que es un instituto normal y corriente". Aquí las típicas animadoras repelentes son camellos piradas y astutas. Los típicos jugadores de rugby, tios que se metieron en peleas y robaron bancos a mano armada. Permítame contradecirla, profesora, pero esto está muy lejos de ser una escuela normal.
Me dirijo a mi sitio en silencio, con la cabeza bien alta, mientras todos me dan un repaso y me cuelgan la etiqueta de «novata», que espero que no sea la misma que «persona a la que putear», o acabarán mal. Me canso de sus miradas cuando ya estoy sentada en mi pupitre en última fila y salto:
-¿Qué cojones estáis mirando?-Con la respectiva cara de asco. Todos se giran de nuevo a mirar hacia la profesora, con un pelín más de respeto.
Todos menos el tio que se sienta a mi lado, que no me ha mirado en ningún momento excepto cuando he entrado, y que no me mira ni ahora, cuando suelta una risita por lo bajo. Es moreno, con los ojos más verdes que he visto en mi vida.
-¿Qué te hace tanta gracia?-le ladro, prácticamente.
-Tú.-Me mira al fin, a través del oscuro flequillo que le tapa los ojos.-No cuela el papel de chica dura.
-No interpreto ningún papel, solo advierto de lo que ocurrirá de molestarme.
-No ocurrirá nada. No creo que te hayan destinado aquí por ningún delito grave.
-Depende de lo que consideres grave.
-¿Qué hiciste?
-Robar.
-¿A mano armada?-pregunta, divertido.
-No, solo cogí y me pillaron-me encojo de hombros.
-Lo que yo decía.
-¿Qué te pasó a ti?-Ahora tengo curiosidad.
Capítulo 2. April.
Estoy mirando todavía con desesperación mi nuevo cuarto, cuando aparece una chica bajita, rubia de ojos marrones con una mirada acusatoria.
-Tú debes de ser la nueva-dice con resentimiento en su voz de pito. Parece que se haya tragado un globo de helio. Aunque es bastante mona y parece la típica con un ego descomunal. No nos vamos a llevar bien. Con esa voz no estoy segura de que vaya a poder aguantar ni un día sin desear abofetearla.
-Supongo-digo con un suspiro, tirando la maleta encima de la cama, con resiganada aceptación de mi derrota.
-Pues dejemos las cosas claras-susurra como una serpiente, acercándose con el ceño fruncido. Intenta intimidarme, pero tendrá que esforzarse más. No soy fácil de asustar.-Yo estaba aquí antes que tú y no pienso renunciar a mi espacio por una novata. Yo mando, tú acatas mis órdenes.-Dios, es realmente ridícula. Pero, ¿qué podía esperar? Esto no es Zoey 101. No estoy en un campus compartiendo habitación con dos chicas encantadoramente insufribles que acabarán convirtiéndose en mis mejores amigas.
No, señor. Estoy en un jodido reformatorio con un pequeño pendón por compañera. Va de mal en peor.
-No seas tan dura con la nueva, April. Es su primer día-dice un chico moreno desde la puerta. Tiene los ojos marrones y cálidos. Es la primera persona que encuentro que no encuadra con el prototipo del reformatorio: chico duro lleno de tatuajes, desagradable, amargado y sucio. Vale, a lo mejor ninguno es así, pero en mi imaginación así son todos.
Y sí, ya sé que solo conozco a una persona. Una persona que le mira con ojos de corderito, moviendo el pelo de un lado a otro y flirteando descaradamente.
-Solo estaba estableciendo unas normas, Jimmy.-Su voz de pito es ahora melosa e insufrible. Desde luego, cambiando el tono no consigue que suene menos desagradable.
Yo pongo los ojos en blanco y empiezo a deshacer la maleta. Oigo como Jimmy se acerca a mí y me giro cuando me tiende la mano.
-Jimmy-dice con una sonrisa. Le estrecho la mano con fuerza, devolviéndole la sonrisa, agradecida de que me haya salvado de semejante víbora.
-Angela.
-Jimmy, te agradecería que salieses, que me tengo que cambiar-dice con un mohín. Genial, la típica egocéntrica que se pone de mal humor cuando no es el centro de atención. Va a ser un año cojonudo, pienso con sarcasmo.
Jimmy sale, mientras me dice:
-Espero verte por ahí, Angela.-Como si tuviese otro sitio en el que estar.
April le cierra la puerta en las narices y me mira con fastidio. Yo sigo deshaciendo mi maleta, ignorándola.
-¿Qué has hecho para que te metan aquí?-me dice entrecerrando los ojos. Su curiosidad puede con su desagrado.
-Matar a diez personas-la digo en un susurro, intentando acojonarla y que me deje en paz.
-No me engañes-dice poniendo, otra vez, los ojos en blanco.-En este reformatorio no hay asesinos, solo delitos un poco menores.
-Robar-digo con un suspiro. Estoy aliviada al pensar que al menos no tendré que convivir con grandes pirados.-¿Y tú?
-Drogas. Las vendía-dice con orgullo.
Ahí se acaba toda nuestra conversación. Y no puedo decir que me entristezca.
Y entonces llega la fase depresiva. No puedo creer que vaya a tener que vivir con miss Pendón 2011. Sabía que no iba a ser divertido, pero esperaba al menos tener una amiga que me ayudase. O por lo menos una habitación individual.
Luego la fase positiva: bueno, al menos Jimmy es majo. ¿Quién sabe? Podría ayudarme a sobevivir en este sitio. Y es bastante guapo, la verdad.
Y la desilusionadora: las expectativas de un futuro mejor se empiezan a desdibujar en mi mente. No voy a poder volver a casa hasta dentro de un año. Un maldito año encerrada aquí. ¿Cómo voy a sobrevivir?
-Tú debes de ser la nueva-dice con resentimiento en su voz de pito. Parece que se haya tragado un globo de helio. Aunque es bastante mona y parece la típica con un ego descomunal. No nos vamos a llevar bien. Con esa voz no estoy segura de que vaya a poder aguantar ni un día sin desear abofetearla.
-Supongo-digo con un suspiro, tirando la maleta encima de la cama, con resiganada aceptación de mi derrota.
-Pues dejemos las cosas claras-susurra como una serpiente, acercándose con el ceño fruncido. Intenta intimidarme, pero tendrá que esforzarse más. No soy fácil de asustar.-Yo estaba aquí antes que tú y no pienso renunciar a mi espacio por una novata. Yo mando, tú acatas mis órdenes.-Dios, es realmente ridícula. Pero, ¿qué podía esperar? Esto no es Zoey 101. No estoy en un campus compartiendo habitación con dos chicas encantadoramente insufribles que acabarán convirtiéndose en mis mejores amigas.
No, señor. Estoy en un jodido reformatorio con un pequeño pendón por compañera. Va de mal en peor.
-No seas tan dura con la nueva, April. Es su primer día-dice un chico moreno desde la puerta. Tiene los ojos marrones y cálidos. Es la primera persona que encuentro que no encuadra con el prototipo del reformatorio: chico duro lleno de tatuajes, desagradable, amargado y sucio. Vale, a lo mejor ninguno es así, pero en mi imaginación así son todos.
Y sí, ya sé que solo conozco a una persona. Una persona que le mira con ojos de corderito, moviendo el pelo de un lado a otro y flirteando descaradamente.
-Solo estaba estableciendo unas normas, Jimmy.-Su voz de pito es ahora melosa e insufrible. Desde luego, cambiando el tono no consigue que suene menos desagradable.
Yo pongo los ojos en blanco y empiezo a deshacer la maleta. Oigo como Jimmy se acerca a mí y me giro cuando me tiende la mano.
-Jimmy-dice con una sonrisa. Le estrecho la mano con fuerza, devolviéndole la sonrisa, agradecida de que me haya salvado de semejante víbora.
-Angela.
-Jimmy, te agradecería que salieses, que me tengo que cambiar-dice con un mohín. Genial, la típica egocéntrica que se pone de mal humor cuando no es el centro de atención. Va a ser un año cojonudo, pienso con sarcasmo.
Jimmy sale, mientras me dice:
-Espero verte por ahí, Angela.-Como si tuviese otro sitio en el que estar.
April le cierra la puerta en las narices y me mira con fastidio. Yo sigo deshaciendo mi maleta, ignorándola.
-¿Qué has hecho para que te metan aquí?-me dice entrecerrando los ojos. Su curiosidad puede con su desagrado.
-Matar a diez personas-la digo en un susurro, intentando acojonarla y que me deje en paz.
-No me engañes-dice poniendo, otra vez, los ojos en blanco.-En este reformatorio no hay asesinos, solo delitos un poco menores.
-Robar-digo con un suspiro. Estoy aliviada al pensar que al menos no tendré que convivir con grandes pirados.-¿Y tú?
-Drogas. Las vendía-dice con orgullo.
Ahí se acaba toda nuestra conversación. Y no puedo decir que me entristezca.
Y entonces llega la fase depresiva. No puedo creer que vaya a tener que vivir con miss Pendón 2011. Sabía que no iba a ser divertido, pero esperaba al menos tener una amiga que me ayudase. O por lo menos una habitación individual.
Luego la fase positiva: bueno, al menos Jimmy es majo. ¿Quién sabe? Podría ayudarme a sobevivir en este sitio. Y es bastante guapo, la verdad.
Y la desilusionadora: las expectativas de un futuro mejor se empiezan a desdibujar en mi mente. No voy a poder volver a casa hasta dentro de un año. Un maldito año encerrada aquí. ¿Cómo voy a sobrevivir?
Capítulo 1. El St. Royal.
-Me niego a ir-digo con enfado.
-Me da igual, tienes que ir, Angela-contesta mi padre. Siguen enfadados, qué novedad, pienso con sarcasmo. Últimamente la ironía ha sido mi último refugio, aunque al juez no le agradase demasiado.
El juicio fue una auténtica mierda. La dueña de la tienda me acusaba de haberla robado una pulsera de oro, y el juez la daba la razón. Técnicamente no podía declararme inocente, ya que era cierto que la había intentado robar, pero era para el regalo de un amiga y lo había hecho con las mejores intenciones. Eso debería contar, ¿no? Pero el juez, un amargado y frio viejo, no coincidía conmigo. Así que me condenó a un maldito reformatorio cerca de Alabama por ser mi tercera infracción de la ley. ¡Hay que joderse! ¡Para siete veces que robo y me pillan tres! Decidí en esos momentos no dedicarme a ello en la posteridad o acabaría arruinada y en chirona.
Miro el folleto del reformatorio al que llamaban "Colegio St. Royal". Tienen un millón de actividades como drama, pintura, fotografía, clases de canto, talleres de manualidades... Menudos hipócritas engañosos. Hacen todo eso para crearte la falsa ilusión de que ese sitio es como un colegio, cuando en realidad es un maldito reformatorio. Parecido a un colegio, sí, pero lleno de jóvenes delincuentes.
Llegamos a la puerta del St. Michel y mis padres paran el coche en la puerta. Se bajan del coche y me obligan a apearme a mí también. Sacan mi maleta del coche y me la ponen en las manos.
-No me dejéis aquí, por favor-les suplico. Mi madre se apiada un poco de mí y me besa en la frente. Mi padre me da otro beso pero más frio. Y, subiéndose al coche, me dice:
-Pórtate bien.
Y se largan. Qué cabrones... ¿Para eso estan los padres? ¿Para abandonarte en colegios de pirados por un pequeño delito? Me cago de nuevo en el juez mientras atravieso la puerta metálica del reformatorio, que me ha abierto el guarda de la puerta.
La que debe ser la directora de ese antro me espera en la enorme puerta de roble.
-Thomas, ayuda a la señorita Hole a llevar su maleta-le dice a un hombre bajito pero fuerte que esta un poco más lejos. Éste la agarra como si no pesase lo más mínimo.-A la habitación 314.
Thomas obedece y se aleja con zancadas decididas.
-Bienvenida, señorita Hole-me dice la directora con una sonrisa, tendiéndome la mano. Yo se la estecho sin ganas y la sigo cuando se pone a caminar hacia el interior del edificio.-Yo soy la directora Matthews. Estoy aquí para ayudarla en cualquier cosa que necesite y darla orientación. Quiero que los jóvenes salgan de aquí comprendiendo que en el futuro pueden rectificar sus errores y tener una vida feliz, alejada de los hechos pasados.-Da su breve discurso con una sonrisa, mientras yo miro lo que será mi alojamiento en el próximo año. Las paredes frías son de piedras, las ventanas, aunque grandes, estan cubiertas de unas asquerosas rejas negras. Los pasillos son luminosos, pero cada paso resuena hasta perderse en la distancia. Subimos por unas escaleras en espiral hasta llegar, casi sin aliento, al segundo piso. De acuerdo, es posible que mi fondo físico deje mucho que desear, pero ¿qué queréis que os diga? No le encuentro la gracia a correr y matarse a hacer deporte.
Seguimos andando por otro corredor hasta que la directora se para enfrente de una puerta con el 314 en números romanos. Saca una llave y la abre, guardándose otra vez la llave en el bolsillo.
-¿No me da la llave?-la pregunto tendiéndola la mano.
-Aquí todos confiamos en todos-dice con una sonrisa.
«Pues será usted, porque yo no me fío un pelo de todos estos delincuentes»,me hubiese gustado contestarla. Sí, yo también entraría en ese término "delincuente", pero mi caso lo consideraba injusto.
-Su maleta ya está aquí, señorita Hole. Espero que la habitación sea de su agrado.-Y se aleja todavía sonriente. «Sin duda lo será», pienso con ironía.
La habitación está compuesta por dos camas, dos mesitas de noche, dos armarios y un solo baño. Y eso solo puede significar dos cosas: uno, tendré que convivir con alguien más; y dos, tendré que compartir baño.
Este sitio es, definitivamente, un infierno.
-Me da igual, tienes que ir, Angela-contesta mi padre. Siguen enfadados, qué novedad, pienso con sarcasmo. Últimamente la ironía ha sido mi último refugio, aunque al juez no le agradase demasiado.
El juicio fue una auténtica mierda. La dueña de la tienda me acusaba de haberla robado una pulsera de oro, y el juez la daba la razón. Técnicamente no podía declararme inocente, ya que era cierto que la había intentado robar, pero era para el regalo de un amiga y lo había hecho con las mejores intenciones. Eso debería contar, ¿no? Pero el juez, un amargado y frio viejo, no coincidía conmigo. Así que me condenó a un maldito reformatorio cerca de Alabama por ser mi tercera infracción de la ley. ¡Hay que joderse! ¡Para siete veces que robo y me pillan tres! Decidí en esos momentos no dedicarme a ello en la posteridad o acabaría arruinada y en chirona.
Miro el folleto del reformatorio al que llamaban "Colegio St. Royal". Tienen un millón de actividades como drama, pintura, fotografía, clases de canto, talleres de manualidades... Menudos hipócritas engañosos. Hacen todo eso para crearte la falsa ilusión de que ese sitio es como un colegio, cuando en realidad es un maldito reformatorio. Parecido a un colegio, sí, pero lleno de jóvenes delincuentes.
Llegamos a la puerta del St. Michel y mis padres paran el coche en la puerta. Se bajan del coche y me obligan a apearme a mí también. Sacan mi maleta del coche y me la ponen en las manos.
-No me dejéis aquí, por favor-les suplico. Mi madre se apiada un poco de mí y me besa en la frente. Mi padre me da otro beso pero más frio. Y, subiéndose al coche, me dice:
-Pórtate bien.
Y se largan. Qué cabrones... ¿Para eso estan los padres? ¿Para abandonarte en colegios de pirados por un pequeño delito? Me cago de nuevo en el juez mientras atravieso la puerta metálica del reformatorio, que me ha abierto el guarda de la puerta.
La que debe ser la directora de ese antro me espera en la enorme puerta de roble.
-Thomas, ayuda a la señorita Hole a llevar su maleta-le dice a un hombre bajito pero fuerte que esta un poco más lejos. Éste la agarra como si no pesase lo más mínimo.-A la habitación 314.
Thomas obedece y se aleja con zancadas decididas.
-Bienvenida, señorita Hole-me dice la directora con una sonrisa, tendiéndome la mano. Yo se la estecho sin ganas y la sigo cuando se pone a caminar hacia el interior del edificio.-Yo soy la directora Matthews. Estoy aquí para ayudarla en cualquier cosa que necesite y darla orientación. Quiero que los jóvenes salgan de aquí comprendiendo que en el futuro pueden rectificar sus errores y tener una vida feliz, alejada de los hechos pasados.-Da su breve discurso con una sonrisa, mientras yo miro lo que será mi alojamiento en el próximo año. Las paredes frías son de piedras, las ventanas, aunque grandes, estan cubiertas de unas asquerosas rejas negras. Los pasillos son luminosos, pero cada paso resuena hasta perderse en la distancia. Subimos por unas escaleras en espiral hasta llegar, casi sin aliento, al segundo piso. De acuerdo, es posible que mi fondo físico deje mucho que desear, pero ¿qué queréis que os diga? No le encuentro la gracia a correr y matarse a hacer deporte.
Seguimos andando por otro corredor hasta que la directora se para enfrente de una puerta con el 314 en números romanos. Saca una llave y la abre, guardándose otra vez la llave en el bolsillo.
-¿No me da la llave?-la pregunto tendiéndola la mano.
-Aquí todos confiamos en todos-dice con una sonrisa.
«Pues será usted, porque yo no me fío un pelo de todos estos delincuentes»,me hubiese gustado contestarla. Sí, yo también entraría en ese término "delincuente", pero mi caso lo consideraba injusto.
-Su maleta ya está aquí, señorita Hole. Espero que la habitación sea de su agrado.-Y se aleja todavía sonriente. «Sin duda lo será», pienso con ironía.
La habitación está compuesta por dos camas, dos mesitas de noche, dos armarios y un solo baño. Y eso solo puede significar dos cosas: uno, tendré que convivir con alguien más; y dos, tendré que compartir baño.
Este sitio es, definitivamente, un infierno.
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