Estoy mirando todavía con desesperación mi nuevo cuarto, cuando aparece una chica bajita, rubia de ojos marrones con una mirada acusatoria.
-Tú debes de ser la nueva-dice con resentimiento en su voz de pito. Parece que se haya tragado un globo de helio. Aunque es bastante mona y parece la típica con un ego descomunal. No nos vamos a llevar bien. Con esa voz no estoy segura de que vaya a poder aguantar ni un día sin desear abofetearla.
-Supongo-digo con un suspiro, tirando la maleta encima de la cama, con resiganada aceptación de mi derrota.
-Pues dejemos las cosas claras-susurra como una serpiente, acercándose con el ceño fruncido. Intenta intimidarme, pero tendrá que esforzarse más. No soy fácil de asustar.-Yo estaba aquí antes que tú y no pienso renunciar a mi espacio por una novata. Yo mando, tú acatas mis órdenes.-Dios, es realmente ridícula. Pero, ¿qué podía esperar? Esto no es Zoey 101. No estoy en un campus compartiendo habitación con dos chicas encantadoramente insufribles que acabarán convirtiéndose en mis mejores amigas.
No, señor. Estoy en un jodido reformatorio con un pequeño pendón por compañera. Va de mal en peor.
-No seas tan dura con la nueva, April. Es su primer día-dice un chico moreno desde la puerta. Tiene los ojos marrones y cálidos. Es la primera persona que encuentro que no encuadra con el prototipo del reformatorio: chico duro lleno de tatuajes, desagradable, amargado y sucio. Vale, a lo mejor ninguno es así, pero en mi imaginación así son todos.
Y sí, ya sé que solo conozco a una persona. Una persona que le mira con ojos de corderito, moviendo el pelo de un lado a otro y flirteando descaradamente.
-Solo estaba estableciendo unas normas, Jimmy.-Su voz de pito es ahora melosa e insufrible. Desde luego, cambiando el tono no consigue que suene menos desagradable.
Yo pongo los ojos en blanco y empiezo a deshacer la maleta. Oigo como Jimmy se acerca a mí y me giro cuando me tiende la mano.
-Jimmy-dice con una sonrisa. Le estrecho la mano con fuerza, devolviéndole la sonrisa, agradecida de que me haya salvado de semejante víbora.
-Angela.
-Jimmy, te agradecería que salieses, que me tengo que cambiar-dice con un mohín. Genial, la típica egocéntrica que se pone de mal humor cuando no es el centro de atención. Va a ser un año cojonudo, pienso con sarcasmo.
Jimmy sale, mientras me dice:
-Espero verte por ahí, Angela.-Como si tuviese otro sitio en el que estar.
April le cierra la puerta en las narices y me mira con fastidio. Yo sigo deshaciendo mi maleta, ignorándola.
-¿Qué has hecho para que te metan aquí?-me dice entrecerrando los ojos. Su curiosidad puede con su desagrado.
-Matar a diez personas-la digo en un susurro, intentando acojonarla y que me deje en paz.
-No me engañes-dice poniendo, otra vez, los ojos en blanco.-En este reformatorio no hay asesinos, solo delitos un poco menores.
-Robar-digo con un suspiro. Estoy aliviada al pensar que al menos no tendré que convivir con grandes pirados.-¿Y tú?
-Drogas. Las vendía-dice con orgullo.
Ahí se acaba toda nuestra conversación. Y no puedo decir que me entristezca.
Y entonces llega la fase depresiva. No puedo creer que vaya a tener que vivir con miss Pendón 2011. Sabía que no iba a ser divertido, pero esperaba al menos tener una amiga que me ayudase. O por lo menos una habitación individual.
Luego la fase positiva: bueno, al menos Jimmy es majo. ¿Quién sabe? Podría ayudarme a sobevivir en este sitio. Y es bastante guapo, la verdad.
Y la desilusionadora: las expectativas de un futuro mejor se empiezan a desdibujar en mi mente. No voy a poder volver a casa hasta dentro de un año. Un maldito año encerrada aquí. ¿Cómo voy a sobrevivir?
No hay comentarios:
Publicar un comentario