Estamos en clase de Literatura. Mike me mira, esperando una respuesta razonable a su pregunta: «¿Qué haces con ellos?»
-Son legales-le contesto con frialdad.
-Son idiotas-me replica él.-Eres un talento desperdiciado.
-Y tú un actor mal usado. Dado lo bien que actúas deberías vivir en Hollywood.
-Es una pena que hayas decidido irte con los Brilles. Jimmy y Tom también están decepcionados-me intenta hacer chantaje emocional.-Has traicionado a tus amigos.
-Me engañaste-le recuerdo.-Parece que te funciona muy bien ese truco. ¿Con quién más lo has utilizado?
Él me mira sin contestar.
-¿Engañas a todas las mujeres para que se unan a los Cralls?-continuo.
-Solo las que merecen la pena. Y todas saben lo que hacen cuando se unen a mí.
-¿Intentas besar a todas?-digo con rabia.
-No-contesta. Eso me hace mirarle de verdad.
-Angela...-susurra. Me doy cuenta de que es la primera vez que dice mi nombre. Y que me encanta como suena.
-Angela, ¿tienes algo que compartir con toda la clase?-me dice la profesora.
-No- contesto secamente, irritada por su interrupción.
-Angela...-paladea Mike mi nombre, esta vez con burla.-Apuesto a que es lo único de ángel que tienes.
-Y yo apuesto a que tú no tienes nada.
Eso le hace sonreir con una atractiva sonrisa torcida. Justo en ese momento suena el timbre, y yo recojo mis cosas para salir disparada a mi siguiente clase.
La clase de matemáticas se me hace eterna, pero al fin consigo llegar al cambio de hora y me dirijo al parque de los skates. Molly está sentada en un banco, aplaudiendo a Ray que hace piruetas en la pista abarrotada.
Al verme llegar los dos vienen hacia mí. Pero por desgracia no son los únicos.
Todos los chicos que estaban en la pista nos rodean, dejando al frente del círculo a Mike, que viene hacia nosotros.
-Queremos a la chica.
Molly y Ray se ponen delante de él, tapándome de su vista y cruzando los brazos.
-Intenta cogerla.
Mike se ríe ante eso.
-¿Creeis que sois un impedimento?
Tres chicos salen del círculo para agarrar a Ray y a Molly, que pronto se ven reducidos.
Yo echo a correr hacia el lado contrario por el que viene Mike, encontrándome de cara con un gorila que me impide salir del círculo. Yo le golpeo con los puños, sin conseguir que se mueva un ápice.
Mike se acerca a mí sin ninguna prisa, y me agarra del brazo. Noto como algo cambia en mi cuerpo, pero no sé qué. Miro a Mike que ordena al gorila que se aparte. Todos miran hacia los lados, como si no nos viesen. Entonces lo comprendo: Mike se ha hecho invisible y a mí con él.
-Suéltame, cabrón-le escupo, tirando de mi brazo para que me suelte. Él me agarra de las piernas y me cuelga en su hombro con la cabeza boca abajo. Yo le golpeo la espalda con rabia, pero parece inmune a ello. Acabo resignándome y dejando que me lleve a un pequeño parking en la otra punta del reformatorio.
La sensación que había notado antes vuelve a recorrer mi cuerpo pero a la inversa, haciéndonos visibles de nuevo. Me deja en el suelo para llevarme a un edificio en el que no había reparado antes, pero me revuelvo y consigo soltarme de su mano. Voy a echar a correr cuando vuelve a alcanzarme.
-¡Suéltame!- le chillo. Me agarra de los dos brazos y me aprieta contra él, hasta que me canso de pelear y me calmo.-¿Qué quieres?-le pregunto, ya sin importarme lo que me va a hacer.
-Que te unas a mí.
-¿Y si no quiero?
-Tendrá que ser por la fuerza.
Entonces algo sale de mi interior. Algo que llevaba mucho tiempo dormido, ansiando despertar. Algo para lo que había nacido. Una sensación abrasadora sale de cada parte de mi cuerpo, haciendo que se forme a nuestro alrededor un amplio anillos de altas llamaradas.
Mike mira a su alrededor, fascinado. Yo me caigo encima de él, que me sostiene, susurrándome al oído:
-Sabía que eras grande.
Y entonces todo se vuelve negro, dejándome en la oscuridad.
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