lunes, 20 de junio de 2011

Capítulo 15. El enemigo equivocado.

Cuando me despierto, la luz de una habitación me hiere los ojos, haciéndome pestañear varias veces antes de acostumbrarme. Me encuentro atada a una camilla en una habitación vacía, tan solo con instrumentos de metal y agujas a mi lado, y con un taburete de madera en una esquina. Me revuelvo, pero las cuerdas que sujetan mis manos y pies están bien atadas, a ambos lados de mi cuerpo, impidiéndome cualquier movimiento y produciéndome gran desesperación.
La luz es potente y fría, transmitida por fluorescentes pegados al techo y reflejada por paredes completamente blancas. No hay ninguna ventana y empiezo a sentir claustrofobia. Tan solo hay una puerta que da a un pasillo también blanco, que tuerce a la derecha.
Miro a mi alrededor y me encuentro totalmente sola.
-¡Socorro!-grito, con la esperanza de que alguien me oiga y me saque de aquí.-¡Ayuda!
Nadie parece oirme, pero no decaigo. Después de más de media hora chillando, y con la voz afónica, desisto. 
-No te va a servir de nada-me dice April, entrando en la habitación.
-¿Qué queréis?-la pregunto con mala leche. La desesperación se ha convertido en un profundo cabreo.
Ella se encoge de hombros con indiferencia, sin ganas de hablar de sus planes. Me mira con un poco de pena y yo me revuelvo, incómoda.
-¿De qué tienes lástima?-pregunto con la voz temblorosa. ¿Tan malo es lo que tienen planeado para mí? 
-Tienes unas pintas...-me dice.-Nunca debiste teñirte el pelo de esa manera.-Luego mira mi ropa y le da un repaso, señalándola con el dedo. Y añade:- Ni vestir así.
-Eres insoportable-digo, poniendo los ojos en blanco. ¿Esque nunca va a cambiar? Si así es todo el mundo en los Cralls, me alegro de no contarme entre ellos.
-Solo intento ayudarte, ¿de acuerdo?-dice con un suspiro, saliendo de la habitación. Como si fuese yo la que la hubiese ofendido. ¿Así ayuda? ¿Ve a una persona atada y se dedica a darle consejos de moda?
Ya sin su compañía, me arrepiento. Al menos su presencia me distraía aunque solo fuese durante cinco irritantes segundos. Me dedico a mirar al techo, pensando en qué hora será. De lo asustada que estoy no tengo hambre ni sueño, así que no puedo calcular en qué momento del día estoy. Respiro hondo y me tranquilizo. Ray y Molly me sacarán de aquí. Además, ¿qué es lo peor que me puede pasar? «No me van a hacer nada», me tranquilizo a mí misma. Hay testigos, no se saldrían con la suya. 
Unos pasos se aproximan, haciendo eco por todo el pasillo que hay al otro lado. Yo me tenso, esperando la aparición de April otra vez y dispuesta a soltarla una bordería sobre lo que pienso yo de su aspecto. Sin embargo no es ella quien aparece por la puerta.
-¿Qué tal has dormido?-se burla Mike. Yo le miro fijamente con odio.
-De fábula. Voy a empezar a dormir atada todas las noches. Es realmente agradable-le contesto con ironía. Él sonríe y coge el taburete para sentarse a mi lado. 
Yo inspecciono cada uno de sus movimientos y él parece encontrarlo divertido. Me mira sin abrir la boca, así que al final soy yo la que le tiene que preguntar, con un suspiro cansado:
-¿Qué es lo que quieres?
Él me mira con una mezcla de curiosidad y pinta de estar pasándolo en grande.
-¿Qué quiero?-repite.-Esa es una buena pregunta. Supongo que lo que todo el mundo, ¿no?-se encoje de hombros con burla.-Dinero y poder. ¿Acaso alguien busca algo más?
Yo le miro, irritada. Sabe perfectamente a qué me refiero y no es a sus ideas sobre la verdadera búsqueda del ser humano.
-¿Qué quieres de mí?-le replanteo la pregunta.
Él me mira a los ojos al contestar:
-Te quiero a ti.

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