Dejamos las tablas de nuevo entre los arbustos, y le sigo hasta una pared del reformatorio que está aún más escondida que el parque.
Está llena de graffitis. Unos con promesas de amor, otros con odio, otros con esperanza... Pero todos en conjunto forman un remolino de sensaciones, dándole un nuevo significado a la palabra "arte".
-¿Alguno es tuyo?-le pregunto pasando la mano por uno de un corazón atravesado por una flecha.
-No-contesta.-Aún no sé qué me inspira este reformatorio.
-¿Ni siquiera una declaración de amor?
-Tampoco he encontrado a nadie a quien dedicársela.
-Estoy segura de que April se sentiría ofendida de oirte decir eso.
-¿April?-se sorprende.
-Estáis saliendo, ¿no?
Mike se rie negando con la cabeza, y yo noto como un peso se quita de mi tripa.
-Pero es tu turno de escribir algo, aportando una nueva firma a la historia de esta cárcel.-Me tiende un spray rojo, que yo agarro con decisión. Pero toda mi determinación se esfuma al mirar la pared.
-¿Qué pongo?-le pregunto. Él se encoge de hombros y se apoya en la pared, mirándome. Sus ojos son de un verde oscuro y su pelo moreno brilla con la luna.
-Lo que quieras.-Miro a la pared sin poner nada todavía.-Quizá tu nombre, tu apellido, tu delito, tu destino, tu sueño o tu miedo.
Entonces alzo el spray y escribo mi nombre en la pared. Pero está incompleto. Falta algo que complete ese "Angela".
-¿Cuál es tu apellido?-me pregunta Mike. Pero no es mi apellido el que aparece en mi mente. Solo una palabra. Una palabra que me ha acosado desde que he llegado aquí, recordándome cuánto la ansío y como la he perdido:
-Libertad-susurro. Y así lo escribo en la pared.
Mike sonríe y observa como pinto. Cuando acabo me giro hacia él, que sigue mirándome.
-¿Qué pasa?-le pregunto. Él parece salir de su ensimismamiento, y se aparta de la pared.
-Nada. Tan solo que eres... diferente.
-¿A qué? ¿A las chicas que conoces? ¿A April? Sí, suelen decírmelo.
-No-contesta, sin embargo.-A como esperaba.
-Siento decepcionarte-digo pasando a su lado para mirar todos los graffitis.
-En absoluto-dice acercándose a mí. Demasiado cerca. Me pongo de espaldas a la pared, apoyándome en ella. Puedo ver sus ojos con total claridad, que se acercan lentamente. Cuando solo un centímetro, que estamos a punto de rellenar, nos separa, una voz suena a lo lejos, chillando el nombre de Mike. Una voz femenina y de pito. April.
Mike se aparta de mí y se pone un dedo en los labios, para indicarme que guarde silencio. Y con la otra hace un gesto para que le siga. Me guia por un camino diferente al que hemos venido, siguiendo el muro del reformatorio. Así, llegamos al edificio de los dormitorios.
Caminamos por los pasillos sin hacer ruido, hasta pararnos en la puerta de mi habitación.
-¿Puedo preguntarte algo?-le digo mientras abro la puerta.
-Uumm...-asiente, distraido.
-¿Por qué te llevas tan mal con Ray?
«¿Y hoy en el comedor hablabais de mí?», me dan ganas de preguntarle. Pero formularle esa cuestión sería darme aires de egocéntrica, al creerme el tema de su conversación.
Mike me mira en ese momento y sonríe.
-Si te interesa la contestación a esa pregunta vendrás mañana por la noche.
Eso me pilla por sorpresa.
-¿A dónde?
-A la fiesta de Tom-contesta.
Entonces aparece April por el pasillo, con una minifalda y una camiseta que le deja el ombligo al descubierto.
-¡Mike! Te estaba buscando-le dice con una sonrisa.
-Una pena, porque me tengo que ir-contesta él. Se escabuye de April, lanzándome una última mirada.
Mi compañera de cuarto hace una mueca de fastidio y entra por la puerta que yo mantengo abierta.
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