martes, 21 de junio de 2011

Capítulo 16. Steve.

-Es conmovedor pero innecesario-dice una fria voz masculina a la espalda de Mike.
Nos giramos los dos para ver al propietario de dicho timbre. Un chico delgaducho con gafas está en la puerta, mirándonos con dureza.
-Steve-saluda Mike, tan divertido con la interrupción como yo incómoda.-Te presento a Angela.
Steve me mira con suficiencia y se acerca a mi lado. No se molesta en saludarme siquiera y me pregunta:
-¿Dónde lo quieres?
Yo le miro sin comprender. Mike suelta una risita y se apoya en mi camilla.
-El tatuaje-me aclara.
-¿Qué tatuaje?-pregunto, creyendo lo peor.
-El que te marca como Crall-me explica.
-Pero yo no soy una Crall-digo.
-Vaya, sí que es perspicaz-ironiza Steve, mirando las agujas que hay al lado de la mesilla.
-Muy aguda-se burla Mike.-Pero si estás tatuada como Crall, perteneces a los Cralls. Ray ha sido muy poco inteligente al no tatuarte inmediatamente.
-¿Cómo es el tatuaje?-pregunto, intentando hacer tiempo. Lo cierto es que odio las agujas y jamás me han gustado los tatuajes.
Veo a Steve mirando una aguja con ojo experto y me entra pánico. Me revuelvo en la camilla intentando desatarme. Steve me ve y posa un dedo en mi frente. Una extraña sensación recorre mis venas, partiendo del epicentro que es el dedo de Steve. Dos segundos más tarde me doy cuenta, antes de caer dormida, de cual es su poder: anestesiar a las personas con solo tocarlas.
Me despierto, aturdida, y me encuentro a Mike mirándome divertido, y a Steve un poco más allá, inspeccionando otras agujas.
-Entonces, ¿dónde lo quieres?-me pregunta Mike.
Yo miro a Steve, que se acerca con una aguja.
-Atrévete a tocarme y te juro que la 2ª Guerra Mundial te parecerá una nimiedad en comparación con lo que te sucederá-le amenazo. Él me mira sin ningún tipo de expresión en sus facciones.
-Yo que tú me daría prisa; Steve no es demasiado paciente-dice Mike. Como ve que no contesto, me dice con un suspiro:-Tu verás.-Y se gira hacia Steve para indicarle:-En la muñeca.
Yo me revuelvo en la camilla, intentando soltarme el brazo derecho, que Steve agarra con fuerza. Acerca la aguja lentamente para posarla en mi piel, con una fría delicadeza que lo hace aún más doloroso. Con el primer contacto mi piel arde, y mis ojos se nublan con lágrimas, que me niego a dejar salir. Un grito amenza con salir de mi garganta, pero me lo aguanto. No pienso admitir ningún tipo de debilidad delante de ellos.
Pero Steve no llega a hacer ni una línea, cuando una figura aparece en la puerta. Una figura con el pelo rizado y las ropas holgadas, que grita con una potente voz:
-¡Steve, detente!
Mis dos secuestradores se giran hacia la puerta, desviando la atención de mí y quitando la aguja de mi piel. Yo respiro con alivio.
-¡Ray!-le llamo. Él me mira y Mike aprovecha esa distracción para hacerse invisible.
-Deja que te vea, Mike-dice Ray, retrocediendo y mirando a todos lados.
-¿Para qué?-se burla Mike. Su voz resuena por toda la habitación, haciendo imposible determinar de donde procede.
Molly aparece en ese momento por la puerta y va hacia Steve, que la intenta tocar para dormirla. Pero Molly lleva todo el cuerpo tapado, impidiendo cualquier tipo de contacto. Steve intenta agarrarla pero Ray no le deja, empujándole contra la pared. Mike se hace visible y nos mira sin hacer nada.
Molly me desata y me guía para salir por la puerta, seguidas por la mirada de Mike.
-Pero, Mike...-le dice Steve.
-Deja que se vayan-oigo la voz de Mike mientras me alejo por el pasillo.

lunes, 20 de junio de 2011

Capítulo 15. El enemigo equivocado.

Cuando me despierto, la luz de una habitación me hiere los ojos, haciéndome pestañear varias veces antes de acostumbrarme. Me encuentro atada a una camilla en una habitación vacía, tan solo con instrumentos de metal y agujas a mi lado, y con un taburete de madera en una esquina. Me revuelvo, pero las cuerdas que sujetan mis manos y pies están bien atadas, a ambos lados de mi cuerpo, impidiéndome cualquier movimiento y produciéndome gran desesperación.
La luz es potente y fría, transmitida por fluorescentes pegados al techo y reflejada por paredes completamente blancas. No hay ninguna ventana y empiezo a sentir claustrofobia. Tan solo hay una puerta que da a un pasillo también blanco, que tuerce a la derecha.
Miro a mi alrededor y me encuentro totalmente sola.
-¡Socorro!-grito, con la esperanza de que alguien me oiga y me saque de aquí.-¡Ayuda!
Nadie parece oirme, pero no decaigo. Después de más de media hora chillando, y con la voz afónica, desisto. 
-No te va a servir de nada-me dice April, entrando en la habitación.
-¿Qué queréis?-la pregunto con mala leche. La desesperación se ha convertido en un profundo cabreo.
Ella se encoge de hombros con indiferencia, sin ganas de hablar de sus planes. Me mira con un poco de pena y yo me revuelvo, incómoda.
-¿De qué tienes lástima?-pregunto con la voz temblorosa. ¿Tan malo es lo que tienen planeado para mí? 
-Tienes unas pintas...-me dice.-Nunca debiste teñirte el pelo de esa manera.-Luego mira mi ropa y le da un repaso, señalándola con el dedo. Y añade:- Ni vestir así.
-Eres insoportable-digo, poniendo los ojos en blanco. ¿Esque nunca va a cambiar? Si así es todo el mundo en los Cralls, me alegro de no contarme entre ellos.
-Solo intento ayudarte, ¿de acuerdo?-dice con un suspiro, saliendo de la habitación. Como si fuese yo la que la hubiese ofendido. ¿Así ayuda? ¿Ve a una persona atada y se dedica a darle consejos de moda?
Ya sin su compañía, me arrepiento. Al menos su presencia me distraía aunque solo fuese durante cinco irritantes segundos. Me dedico a mirar al techo, pensando en qué hora será. De lo asustada que estoy no tengo hambre ni sueño, así que no puedo calcular en qué momento del día estoy. Respiro hondo y me tranquilizo. Ray y Molly me sacarán de aquí. Además, ¿qué es lo peor que me puede pasar? «No me van a hacer nada», me tranquilizo a mí misma. Hay testigos, no se saldrían con la suya. 
Unos pasos se aproximan, haciendo eco por todo el pasillo que hay al otro lado. Yo me tenso, esperando la aparición de April otra vez y dispuesta a soltarla una bordería sobre lo que pienso yo de su aspecto. Sin embargo no es ella quien aparece por la puerta.
-¿Qué tal has dormido?-se burla Mike. Yo le miro fijamente con odio.
-De fábula. Voy a empezar a dormir atada todas las noches. Es realmente agradable-le contesto con ironía. Él sonríe y coge el taburete para sentarse a mi lado. 
Yo inspecciono cada uno de sus movimientos y él parece encontrarlo divertido. Me mira sin abrir la boca, así que al final soy yo la que le tiene que preguntar, con un suspiro cansado:
-¿Qué es lo que quieres?
Él me mira con una mezcla de curiosidad y pinta de estar pasándolo en grande.
-¿Qué quiero?-repite.-Esa es una buena pregunta. Supongo que lo que todo el mundo, ¿no?-se encoje de hombros con burla.-Dinero y poder. ¿Acaso alguien busca algo más?
Yo le miro, irritada. Sabe perfectamente a qué me refiero y no es a sus ideas sobre la verdadera búsqueda del ser humano.
-¿Qué quieres de mí?-le replanteo la pregunta.
Él me mira a los ojos al contestar:
-Te quiero a ti.

lunes, 6 de junio de 2011

Capítulo 14. Fuego.

Estamos en clase de Literatura. Mike me mira, esperando una respuesta razonable a su pregunta: «¿Qué haces con ellos?»
-Son legales-le contesto con frialdad.
-Son idiotas-me replica él.-Eres un talento desperdiciado.
-Y tú un actor mal usado. Dado lo bien que actúas deberías vivir en Hollywood.
-Es una pena que hayas decidido irte con los Brilles. Jimmy y Tom también están decepcionados-me intenta hacer chantaje emocional.-Has traicionado a tus amigos.
-Me engañaste-le recuerdo.-Parece que te funciona muy bien ese truco. ¿Con quién más lo has utilizado?
Él me mira sin contestar.
-¿Engañas a todas las mujeres para que se unan a los Cralls?-continuo.
-Solo las que merecen la pena. Y todas saben lo que hacen cuando se unen a mí.
-¿Intentas besar a todas?-digo con rabia.
-No-contesta. Eso me hace mirarle de verdad.
-Angela...-susurra. Me doy cuenta de que es la primera vez que dice mi nombre. Y que me encanta como suena.
-Angela, ¿tienes algo que compartir con toda la clase?-me dice la profesora.
-No- contesto secamente, irritada por su interrupción.
-Angela...-paladea Mike mi nombre, esta vez con burla.-Apuesto a que es lo único de ángel que tienes.
-Y yo apuesto a que tú no tienes nada.
Eso le hace sonreir con una atractiva sonrisa torcida. Justo en ese momento suena el timbre, y yo recojo mis cosas para salir disparada a mi siguiente clase.
La clase de matemáticas se me hace eterna, pero al fin consigo llegar al cambio de hora y me dirijo al parque de los skates. Molly está sentada en un banco, aplaudiendo a Ray que hace piruetas en la pista abarrotada.
Al verme llegar los dos vienen hacia mí.  Pero por desgracia no son los únicos.
Todos los chicos que estaban en la pista nos rodean, dejando al frente del círculo a Mike, que viene hacia nosotros.
-Queremos a la chica.
Molly y Ray se ponen delante de él, tapándome de su vista y cruzando los brazos.
-Intenta cogerla.
Mike se ríe ante eso.
-¿Creeis que sois un impedimento?
Tres chicos salen del círculo para agarrar a Ray y a Molly, que pronto se ven reducidos.
Yo echo a correr hacia el lado contrario por el que viene Mike, encontrándome de cara con un gorila que me impide salir del círculo. Yo le golpeo con los puños, sin conseguir que se mueva un ápice.
Mike se acerca a mí sin ninguna prisa, y me agarra del brazo. Noto como algo cambia en mi cuerpo, pero no sé qué. Miro a Mike que ordena al gorila que se aparte. Todos miran hacia los lados, como si no nos viesen. Entonces lo comprendo: Mike se ha hecho invisible y a mí con él.
-Suéltame, cabrón-le escupo, tirando de mi brazo para que me suelte. Él me agarra de las piernas y me cuelga en su hombro con la cabeza boca abajo. Yo le golpeo la espalda con rabia, pero parece inmune a ello. Acabo resignándome y dejando que me lleve a un pequeño parking en la otra punta del reformatorio.
La sensación que había notado antes vuelve a recorrer mi cuerpo pero a la inversa, haciéndonos visibles de nuevo. Me deja en el suelo para llevarme a un edificio en el que no había reparado antes, pero me revuelvo y consigo soltarme de su mano. Voy a echar a correr cuando vuelve a alcanzarme.
-¡Suéltame!- le chillo. Me agarra de los dos brazos y me aprieta contra él, hasta que me canso de pelear y me calmo.-¿Qué quieres?-le pregunto, ya sin importarme lo que me va a hacer.
-Que te unas a mí.
-¿Y si no quiero?
-Tendrá que ser por la fuerza.
Entonces algo sale de mi interior. Algo que llevaba mucho tiempo dormido, ansiando despertar. Algo para lo que había nacido. Una sensación abrasadora sale de cada parte de mi cuerpo, haciendo que se forme a nuestro alrededor un amplio anillos de altas llamaradas.
Mike mira a su alrededor, fascinado. Yo me caigo encima de él, que me sostiene, susurrándome al oído:
-Sabía que eras grande.
Y entonces todo se vuelve negro, dejándome en la oscuridad.

Capítulo 13. Molly.

-¡Molly!-la llamo. Ella está de espaldas a mí, hablando con Ray. Los dos me saludan, acercándose a mí.
-¿Todavía no tienes skate?-me pregunta Ray. Los dos llevan los suyos bajo el brazo.
-¿Dónde puedo conseguir uno?
-Yo te la conseguiré-dice Mike, poniéndose a mi lado.
-No eres el único que puede conseguir cosas-dice Ray. Mike le mira con indiferencia.
-Pero sí más que tú.
-Es lo que tiene ser unos enchufados-ladra Molly con rencor. Mike la mira con curiosidad, como si acabase de reparar en ella.
-¿Entonces por qué tienes tanta envidia?-contesta Mike. Al final, harto de discutir con ellos, se gira hacia mí. Agarra un mechón de mi pelo y juega con él, haciendo enfurecer a Mike y provocando numerosas miradas de odio por parte de Molly.-¿Quieres el skate?
-No quiere nada tuyo. Nosotros la conseguiremos uno-dice Ray con los dientes apretados.
-¿Has visto?-me dice a mí.-Ni siquiera te dejan decidir por tu cuenta.
Yo le doy un empujón, haciendo que suelte mi pelo.
-Claro que he decidido. He decidido que estoy con los Brille.
Eso solo hace que una mirada burlona ilumine su cara.
-Ni siquiera sabes de qué va todo esto-me dice como si fuese una niñita ignorante.-No puedes decidir.
-Lo único que sé es que ellos no me engañaron.-Mike les mira de reojo.
-Todavía.
Agarra su skate y se va patinando. Ray y Molly vienen a mi lado y ella me tiende su skate, que está muy viejo y usado pero no va demasiado mal. Yo niego con la cabeza y me dirijo a mi cuarto.
Me encuentro a April y a su panda de seguidoras, que dejan de hablar cuando aparezco. Entonces, veo como April se levanta de la silla y se mueve a toda velocidad para quitar las cosas de su cama y guardar sus cosas. En tres segundos, antes de que me dé tiempo siquiera a pestañear, toda la habitación está recogida y ella sale por la puerta seguida de sus imitadoras. Yo me quedo incapaz de reaccionar.
Cuando me recupero me dirijo a la ducha, pero no tardo nada y me encuentro sin nada que me entrtenga para impedirme pensar, así que me voy a buscar a Molly.
Voy a la pista de skate, donde la había dejado, pero solo encuentro a Ray.
-¿Has visto a Molly?
-Debe de estar en la piscina.-Al verme perdida, sonríe y dice:-A lado del sótano donde estuvo la fiesta el otro día.
Me dirijo hacia allí, evitando pensar en los recuerdos que me inspira esa zona del reformatorio. Llego a una amplia sala con piscinas olímpicas. El ambiente es húmedo y cálido, y hace que se me pegue el pelo y la ropa a la piel. Al principio no veo a nadie, pero me fijo un poco más y me encuentro a alguien que bucea por el fondo de la piscina, sin pararse en ningún momento a coger aire.
Me quito los zapatos y meto los pies en la piscina, a la espera de que Molly salga. Admiro como nada, con el cuerpo de un anfibio y un humano a la vez. Parece tan grácil dentro del agua... Como si estuviese en su verdadero elemento.
Al fin, ve mis pies y sale a la superficie, transformándose de nuevo en humana. Se apoya en el bordillo, al lado de mis piernas.
-Es alucinante-la digo.
-¿El qué?
-Tu poder.
Ella sonríe.
-Eres de las pocas personas que lo aprecian.
-¿Cómo descubrir cuál es el mío?
Ella se encoge de hombros.
-Ya aparecerá solo.
-¿Y a qué se deben estos poderes?-la pregunto. Entonces me viene a la cabeza la película de "X-Men"-¿Por mutación?
Molly se ríe a carcajadas y sale de las piscina, impulsándose con las manos. Coge una toalla que ahí colgada del muro y la enrolla alrededor de su cuerpo. Luego vuelve a sentarse a mi lado con los pies en el agua.
-Es genética. Se dice que junto a los humanos fue creada una especie paralela de humanos más evolucionados, con poderes. En algunas culturas nos tienen como semidioses, en otras como humanos que han hecho un pacto con el diablo.
-Mi madre tuvo poderes. ¿Significa eso que he heredado yo también esos poderes?
-No exactamente esos. Puedes poseer unos totalmente diferentes.
-¿Todo el mundo de este reformatorio tiene poderes?
Ella asiente.
-Incluidos los profesores y los vigilantes. O, para ser más precisos, los vigilantes tienen un poder anti- poder. Te impiden utilizar tu habilidad.
-¿Y por qué todos hemos acabado aquí?
-Estamos destinados a encontrarnos. ¿Crees en el destino, Angela?
Yo niego con la cabeza. Siempre he pensado que solo eran chorradas de gente que no tiene en qué creer.
-Pues haces mal-me suelta Molly.-El destino rige cada pequeño paso de tu vida. Las casualidades no existen.
Así que toda mi vida he estado esperando esto. Y ni siquiera sé qué hago yo aquí, a donde pertenezco. Tan solo se me ha dicho a quien debo odiar y a quien rindo lealtad.

domingo, 5 de junio de 2011

Capítulo 12. Cralls/Brille

Llego corriendo a clase Historia y entro por la puerta entre jadeos. Todos están ya sentados y me miran cuando entro estrepitosamente por la puerta.
-Gracias por honrarnos con su presencia, señorita Hole-ironiza la profesora. Es una señora mayor con más luces que canas, y verdaderamente astuta. Es la única profesora que tiene realmente aterrados a sus alumnos.
Me dirijo a mi sitio en última fila, y justo cuando me siento, me llama la profesora para preguntarme la lección delante de toda la clase. Ayer no estudié nada. Estuve todo el día del domingo tirada en la cama pensando sobre todo lo que había pasado y no abrí ni un libro.
La profesora empieza con una avalancha de preguntas y yo no contesto a ninguna. Me siente observada por toda la clase, pero no estoy para bromas así que les devuelvo la mirada con desprecio y la barbilla bien alta.
Cuando me deja marchar con un cero, vuelvo a mi sitio. La chica que se sienta a mi lado, de tez morena y con el pelo negro, me dirije una mirada compasiva. Me tiende la mano y se presenta:
-Molly.
Yo se la estrecho y la digo mi nombre. Es muy diferente a las chicas que he visto por aquí. Viste camisetas muy anchas y pantalones caidos, como yo. Siento que por fin he conocido a alguien que vale la pena en este sitio.
-Eres la nueva-me dice. No es una pregunta, sino una afirmación.-Supongo que ya te habrán hecho elegir bando.
-¿Entre el bando de Mike y el de Ryan?-la pregunto. Ella se ríe.
-¿Bando de Mike o Ray? El de Mike se llama los Cralls y el de Ray es el de los Brille.
-¿Y a cuál perteneces tú?-digo sin contestarla. Tengo que tener cuidado.
-Soy una Brille-dice y yo suspiro aliviada en mi interior. Su mirada se oscurece al decir:-Odio a Mike y todo lo que representa.
-¿Por qué?
Ella se encoge de hombros.
-Es así y punto. No es necesario buscarle explicaciones. Los Brille odian a los Cralls y los Cralls odian a los Brille. Y si quieres sobrevivir, las reglas son sencillas.-Empieza a numerarlas con los dedos.-La primera: no te mezcles con los del otro bando. La segunda: nunca, y digo nunca, te dejes engañar por Mike. Aunque te haga creer que eres la única en su vida, jamás lo eres.
Lo decía con rencor, como si ya ella hubiese caído en sus redes y se hubiese unido a los Brille por despecho.
-¿Te rompió el corazón?-la pregunto. Esto la hace sorprenderse y reir.
-¿A mí? Claro que no. Ray es mi mejor amigo desde que llegué aquí y Mike ni se molestó en perseguirme. Mi poder no valía su esfuerzo. Pero no hay que estar ciega para darse cuenta de a cuantas chicas se ha ligado para que se pasasen a su bando.-Luego me mira de reojo y sonríe:-Eres una Brille, ¿no es cierto?
-¿Cómo lo sabes?
-Demasiado legal para ser una Crall. Y además no te vistes como una puta.
-¿Y cuál es tu poder?-la pregunto con curiosidad.
Molly mira a la profesora para ver si se da cuenta y veo como su piel empieza a cambiar en la zona del cuello, desarrollando branquias. Todo su cuerpo sufre un cambio, que la hace convertirse en una especie de anfibio humano. Pero rápidamente vuelve a cambiarse en humana, mientras boquea intentando coger aire.
-Con branquias no puedo respirar-me explica.-¿Cuál es el tuyo? Según he oido Mike estaba realmente interesado en ti.
-Esa es una gran pregunta-la contesto. Ella asiente con comprensión.
La clase acaba y Molly me dice de ir a patinar un rato antes del almuerzo. Así, quedamos en el parque en dos horas. Yo salgo por la puerta, chocándome contra Jimmy, que me mira con pena. Tom va a su lado y me dirije una mirada de odio que me echa para atrás.
Supongo que no todo podía ir bien.

Capítulo 11. Secretos.

Me empiezo a reir a carcajadas sin poder contenerme.
-Ray, un juez me envió aquí por robar.
-No. Podrían haberte enviado a cualquier otro, pero te mandaron aquí.
-¿Y por qué?-le pregunto.
-Por tu habilidad especial.
Mike nos mira sin abrir la boca en ningún momento.
-¿Mi habilidad especial?-repito a punto de echarme de nuevo a reir.
-Tienes un superpoder, como en los comics-me dice Ray para que lo entienda.
-Mira, Ray, no sé qué clase de mierda te estás metiendo pero te está afectando, en serio.
Entonces veo como Mike suelta un suspiro y se mueve hacia mí. Me sujeta la cara para que le vea bien y yo no me opongo, con curiosidad. La piel me arde con su tacto en mis mejillas y mi corazón se acelera, pero lo ignoro.
De repente, Mike desaparece. Sigo sintiendo sus manos en mis mejillas, pero no le veo.
-¿Mike?-pregunto con la voz temblándome y los ojos muy abiertos.
-¿Sí?-suena su voz a mi lado, pero no le veo.
Tan rápido como ha desaparecido vuelve a aparecer justo enfrente, con sus manos todavía en mis mejillas.
-¿Cuál es el mio?-le pregunto, creyéndomelo ahora. Él se aparta y vuelve a quedarse a un lado, como si no fuese con él.
-Todavía no lo sabemos, pero tu madre podía atravesar objetos-me dice Ray.
-¿Mi madre?
-Vino a este reformatorio a los 15 años, era de su banda-dice señalando a Mike, que le dedica una reluciente sonrisa.
-Nunca me lo ha dicho.-No puedo creer que jamás me diese cuenta. Pero no recuerdo haberla visto hacer algo raro en ningún momento.
-¿Y cuál es el tuyo?-le pregunto a Ray. Mike suelta una risa burlona por lo bajo y Ray le fulmina con la mirada. Entonces, se convierte en ratón. Yo le miro con cierta lástima. Se vuelve a convertir en persona y se sacude la ropa.
-Creo que está claro qué grupo es el de los ganadores-dice Mike. Ray no baja la mirada y se la sostiene.-Y también qué grupo va a elegir ella.
Entonces me miran los dos, esperando una decisión. Mike con seguridad, como si todas las chicas se fuesen detrás de él corriendo con un simple chasquido de dedos; Ray con súplica, como si fuese su última esperanza.
-Por supuesto-contesto.-Lo siento, Mike-digo poniéndome al lado de Ray. Mike abre los ojos, incrédulo. La pasividad se ha esfumado de repente.
-No puedes estar hablando en serio.-Yo le miro con la barbilla alzada.-Vamos, no lo hagas por despecho-me dice.
-Lo hago porque ya me has demostrado la clase de cabrones que integran tu grupo.
-Te vas a arrepentir-me avisa.-No cometas un error y vente con nosotros.
-Que te vaya bien, Mike-le digo alejándome junto a Ray.
Noto la mirada de Mike clavada en mi espalda  mientras camino lejos de él. Lo cierto es que no puedo concebir todavía que tengo poderes, aunque ni siquiera los he descubierto. Y, sobre todo, está la cuestión de mi madre. ¿Por qué vino a este reformatorio? ¿Por qué me ocultó lo de los poderes? Pienso en llamarla esta noche, pero ya son las tres de la mañana y dudo que esté despierta.
Ray me sonríe al dejarme en la puerta de mi habitación. Yo le doy las gracias y me meto en mi cuarto, tirándome en la cama. Han pasado tantas cosas... Tan solo quiero dormir hasta que se me despeje la cabeza.

Capítulo 10. La fiesta.

Llego al sótano a las nueve, a la hora que me han dicho que sería la fiesta. El ruido de la música se oye desde el jardín y los gritos de la gente casi superan el volumen. Bajo las escaleras y me encuentro de cara con Jimmy, que me sonríe, encantado.
-¡Has venido!-exclama.
-No podía perdérmelo-contesto.
Me doy cuenta de que lleva dos bebidas en la mano y tiene al lado a una de las seguidoras de April, que me da un repaso. Luego me sonríe forzadamente y dice con una falsa voz:
-Encantada, soy Helène-y me tiende la mano. Pronuncia su nombre con un acento francés snob, que da la sensación de que se ha inventado.
-Angela.
-¿Bailamos?-le dice a Jimmy. Él se despide y la sigue al interior de la pista. Entro del todo en la sala y me meto de lleno en el centro de la fiesta. Las luces de colores no sirven para iluminar la completa oscuridad que hay, el sonido de la música, dirigido por un DJ que se encuentra al fondo de la sala, hace que mi cuerpo entero vibre.
Miro entre la gente, buscando a alguien conocido. Pero, por desgracia, dudo que Ray esté invitado, y la verdad es que no conozco a mucha más gente.
Veo en la barra varias botellas de alcohol y me pregunto si la sirectora sabe lo que está sucediendo aquí abajo. Miro a mi alrededor y no encuentro a ningún vigilante. ¿Cómo les habrán dejado organizar esto sin vigilancia? Me sirvo un par de copas de J&B que vacío rápidamente, y me meto en el baño, donde la música se escucha más atenuada. Me miro al espejo, repasando mi atuendo. Llevo un vestido negro que deja al descubierto toda mi espalda y me cae por la mitad del muslo. Mi pelo está bastante revuelto, pero lo cierto es que no me importa. Y mi maquillaje, que se resume en perfilador de ojos negro, que resalte el color azul natural de mis ojos, está corrido en algunos puntos. Lo arreglo como puedo con agua y acabo dándolo por misión imposible.
Salgo del baño y me cruzo con Tom, que me ofrece bailar. Me meto de lleno en la pista de baile con él, donde la gente nos empuja de un lado a otro. Esrtamos todos muy apretados y empieza a hacer calor. En un momento que salgo a respirar, dejando a Tom bailando con Jimmy y su pareja, veo en una esquina a April que se rie por algo que le está diciendo un chico en el oido, que la besa. No puedo verle la cara, pero cuando se aparta me encuentro con que es Mike. Me mira a través de la pista de baile sin decir una palabra, notando mi mirada sobre él.. April también me ve y se le borra la sonrisa para poner cara de asco.
Le miro sin poder creerlo y salgo de la fiesta. Maldito hijo de puta. Así se las arregla, ¿no? Qué bien se le da jugar a dos bandas.
Salgo al jardín, al aire libre que me da en la cara, refrescándome.
-Espera-oigo detrás de mí. Mike se pone enfrente mio.
-¿Así funcionas?-le reprocho.- ¿Intentas besar a una chica y al día siguiente te lias con otra?-Me paso la mano por el pelo, que lo noto enredado y revuelto.
-No es lo que...-comienza.
-Sí, así es-dice una voz. Ray está parado a unos metros de nosotros, mirándonos.-Juegan sucio.
-"¿Juegan?"-pregunto. Miro a Mike, que está negándole a Ray con la cabeza, intentando que no me dé cuenta.
-Eres la nueva, Angela. Una verdaderamente especial. El bando que antes te consiga habrá ganado casi definitivamente-me explica Ray, haciéndose el ciego ante las advertencias de Mike.
-¿Qué bando?-Vale. Para. Me estoy perdiendo. ¿De qué va todo esto?
-No te han enviado a este internado por casualidad. Estabas destinada desde que naciste.

sábado, 4 de junio de 2011

Capítulo 9. El desayuno.

Me despierto por la mañana y miro el reloj de mi mesilla: las nueve. Mierda. Las clases empiezan a las nueve y cuarto. Miro hacia la cama de April y la encuentro ya hecha. La muy cabrona no se ha molestado en despertarme. Salto de la cama y me meto corriendo en la ducha. Me lavo el pelo rápidamente y no me molesto en secármelo. Me pongo la primera camiseta que pillo, una de los Ramones negra con las letras blancas, y unos vaqueros shorts cortados por mí misma. Salgo corriendo por la puerta y me cruzo con Jimmy, Mike y un chico al que vi ayer en el comedor con ellos.
-Angela, ¿adónde vas tan apurada?-me pregunta Jimmy.
-Me he despertado demasiado tarde. ¿Han empezado las clases?
-Hoy es sábado-me sonríe Jimmy. Mierda. Menuda gilipollas soy. Deben de estar partiéndose por dentro.
-¿Por qué no nos acompañas a desayunar?-dice el chico desconocido. Me tiendo una mano y se presenta:-Soy Tom.-Así que este es el famoso Tom que organiza una fiesta esta noche. Le estrecho la mano con fuerza, diciéndole mi nombre, y me dirijo al comedor con ellos.
April me ve entrar por la puerta con ellos y se le agría la expresión. Yo la sonrío con suficiencia.
Jimmy descorre la silla como un caballero para que me siente. Mike se sienta enfrente de mí y me mira mientras come fruta. A mis lados se sientan Tom y Jimmy.
-¿Cuánto hace que estás aquí, Angela?-se interesa Tom, mientras Jimmy va a por unas tostadas que se ha ofrecido a traerme.
-Tan solo tres días.
-Y ya debes estar deseando salir de aquí-adivina Tom.
-¿Tanto se me nota?-sonrío. Jimmy aparece con mis tostadas cuando Tom se encoge de hombros y dice:
-A todos nos ha pasado.
-¿Cuánto lleváis vosotros?-les pregunto mientras le doy un mordisco a una tostada.
-Un año-dice Tom.
-Un año y medio-dice Jimmy.
Miro a Mike, que se lleva otro trozo de fruta a la boca y lo traga antes de contestar:
-Tres años.-Yo abro los ojos con sorpresa. Y él se encoge de hombros con indiferencia-Te acabas acostumbrando.
-¿Sólo por meterte en peleas?-le pregunto con incredulidad.
-No han sido seguidos. Al principio me mandaron solo un año, pero cuando salí me metí en aún más peleas, así que me me condenaron a dos años. Y hace unos meses volví a salir, pero robé en una tienda y me mandaron otros dos años.
-Menudo historial-suspiro. Él sonríe y sigue comiendo la fruta. Los demás seguimos también desayunando mientras comentamos la película de "Arma Letal", que resulta ser la favorita de Jimmy y una de las mías también.
A las diez, cuando ya me voy a ir, me dice Tom:
-Eh, Angela. Esta noche he organizado una fiesta en el sótano del reformatorio. La directora me ha dejado, no te preocupes. ¿Vendrás?
Miro a Mike al contestar, que dirige sus ojos hacia mí, interesado.
-Es posible.

Capítulo 8. Freedom.

Dejamos las tablas de nuevo entre los arbustos, y le sigo hasta una pared del reformatorio que está aún más escondida que el parque.
Está llena de graffitis. Unos con promesas de amor, otros con odio, otros con esperanza... Pero todos en conjunto forman un remolino de sensaciones, dándole un nuevo significado a la palabra "arte".
-¿Alguno es tuyo?-le pregunto pasando la mano por uno de un corazón atravesado por una flecha.
-No-contesta.-Aún no sé qué me inspira este reformatorio.
-¿Ni siquiera una declaración de amor?
-Tampoco he encontrado a nadie a quien dedicársela.
-Estoy segura de que April se sentiría ofendida de oirte decir eso.
-¿April?-se sorprende.
-Estáis saliendo, ¿no?
Mike se rie negando con la cabeza, y yo noto como un peso se quita de mi tripa.
-Pero es tu turno de escribir algo, aportando una nueva firma a la historia de esta cárcel.-Me tiende un spray rojo, que yo agarro con decisión. Pero toda mi determinación se esfuma al mirar la pared.
-¿Qué pongo?-le pregunto. Él se encoge de hombros y se apoya en la pared, mirándome. Sus ojos son de un verde oscuro y su pelo moreno brilla con la luna.
-Lo que quieras.-Miro a la pared sin poner nada todavía.-Quizá tu nombre, tu apellido, tu delito, tu destino, tu sueño o tu miedo.
Entonces alzo el spray y escribo mi nombre en la pared. Pero está incompleto. Falta algo que complete ese "Angela".
-¿Cuál es tu apellido?-me pregunta Mike. Pero no es mi apellido el que aparece en mi mente. Solo una palabra. Una palabra que me ha acosado desde que he llegado aquí, recordándome cuánto la ansío y como la he perdido:
-Libertad-susurro. Y así lo escribo en la pared.
Mike sonríe y observa como pinto. Cuando acabo me giro hacia él, que sigue mirándome.
-¿Qué pasa?-le pregunto. Él parece salir de su ensimismamiento, y se aparta de la pared.
-Nada. Tan solo que eres... diferente.
-¿A qué? ¿A las chicas que conoces? ¿A April? Sí, suelen decírmelo.
-No-contesta, sin embargo.-A como esperaba.
-Siento decepcionarte-digo pasando a su lado para mirar todos los graffitis.
-En absoluto-dice acercándose a mí. Demasiado cerca. Me pongo de espaldas a la pared, apoyándome en ella. Puedo ver sus ojos con total claridad, que se acercan lentamente. Cuando solo un centímetro, que estamos a punto de rellenar, nos separa, una voz suena a lo lejos, chillando el nombre de Mike. Una voz femenina y de pito. April.
Mike se aparta de mí y se pone un dedo en los labios, para indicarme que guarde silencio. Y con la otra hace un gesto para que le siga. Me guia por un camino diferente al que hemos venido, siguiendo el muro del reformatorio. Así, llegamos al edificio de los dormitorios.
Caminamos por los pasillos sin hacer ruido, hasta pararnos en la puerta de mi habitación.
-¿Puedo preguntarte algo?-le digo mientras abro la puerta.
-Uumm...-asiente, distraido.
-¿Por qué te llevas tan mal con Ray?
«¿Y hoy en el comedor hablabais de mí?», me dan ganas de preguntarle. Pero formularle esa cuestión sería darme aires de egocéntrica, al creerme el tema de su conversación.
Mike me mira en ese momento y sonríe.
-Si te interesa la contestación a esa pregunta vendrás mañana por la noche.
Eso me pilla por sorpresa.
-¿A dónde?
-A la fiesta de Tom-contesta.
Entonces aparece April por el pasillo, con una minifalda y una camiseta que le deja el ombligo al descubierto.
-¡Mike! Te estaba buscando-le dice con una sonrisa.
-Una pena, porque me tengo que ir-contesta él. Se escabuye de April, lanzándome una última mirada.
Mi compañera de cuarto hace una mueca de fastidio y entra por la puerta que yo mantengo abierta.

Capítulo 7. Charada.

Salgo de mi habitación por la noche vestida con una sudadera gris enorme y unos vaqueros pitillo. Me miro en el espejo del cuarto de baño de al lado del cine, antes de ir a ver a Ray. He decidido que no voy a ir con Mike porque ya me ha dejado claro lo idiota que es.
Mi pelo era negro, pero me lo teñí de rubio hace un año. Tiene las puntas morenas y se nota bastante, pero lo cierto es que mi aspecto jamás me ha importado demasiado. Sino, vestiría como April con camisetas ajustadas y minifaldas. Soy bajita, pero bastante delgada.
En ese momento April entra en el baño, seguida por su tropa de admiradoras. Se queda parada al verme y me da un repaso. Luego suelta una risita y se pone frente al espejo. Sus seguidoras hacen exactamente lo mismo, pero antes de la mirada de asco de la última, salgo del baño.
Me voy directa a la sala del cine, donde me encuentro a Ray.
-Angela, has venido-me sonríe.
-¿Qué película toca?-Le señalo la pantalla gigante que han dispuesto frente a todas las butacas, donde se va a proyectar la película.
-Charada-me contesta poniendo los ojos en blanco.-La semana pasada también pusieron una romántica y me dormí-dice haciendo una mueca.
De repente, una mano me agarra de la cintura, y una voz dice:
-La voy a secuestrar esta noche.-Y me lleva lejos de Ryan, agarrada de la cintura. Miro hacia el propietario de la voz y me encuentro a Mike, que me lleva con él a la última fila.
-¿Qué haces?-le pregunto con incredulidad, mirando hacia atrás. Ray me observa alejarme, con la resignación pintada en el rostro.
-Librarte de una aburrida conversación sobre «World of Craft».
Se sienta al lado de April, que parece encantada, y me señala el asiento que tiene al otro lado. Yo me siento, preparándome para una película soporífera. April habla animadamente con Mike, que asiente sin prestarla mucha atención. Entonces, Mike parece darse cuenta de algo, y mira a April.
-¿Qué película ponen hoy?
-Charada-contesta April con satisfacción.
-Si no recuerdo mal era tu película favorita.-Un asomo de sonrisa aparece en la boca de Mike. April le guiña un ojo con complicidad y asiente. Mike se rie con suavidad.
Las luces se atenúan con suavidad, hasta que la sala queda a oscuras. La película comienza a proyectarse y puedo ver como April apoya la cabeza en el hombro de Mike. Yo no me entero de nada de lo que sucede, pero debo admitir que el género romántico no es mi favorito.
A mitad de la película, cuando la mitad de la sala está ensimismada y la otra mitad dormida, Mike se acerca a mí y me susurra:
-Ven conmigo.
Se levanta del asiento, dejando a una perpleja April viéndole marchar. Yo le sigo en silencio a través de la sala de cine hasta la puerta.
Cuando ya estamos fuera le digo:
-¿No te preocupan los vigilantes?
Los vigilantes son las personas encargadas de mantenernos controlados. El cine estaba repleto y no nos dejan descuidados nunca. De no ser por ellos y por la poca libertad, esto sería un internado como cualquier otro.
Salimos del edificio y nos dirijimos al parque de los skates. Mike saca un par de tablas de detrás de un arbusto y me tiende una. Nos deslizamos a la vez por la pista, saltando por los bancos y haciendo piruetas en la pista.
Es de noche y el cielo está despejado. Me paro y cojo el skate, mientras miro la luna llena. Mike me ve y se para a mi lado, mirando igual que yo. Luego desvía la vista para mirarme a mí. Yo sonrío mirando todavía a la luna.
-Ven-me dice.

Capítulo 6. Ray.

Las clases al día siguiente son igual de pesadas que el anterior. Me siento sola en el comedor a desayunar tostadas mientras miro todos los grupos en los que se divide el St. Royal. Presidiendo la lista de los más envidiados está el de April, con sus seguidoras, caracterizadas todas por tener en la cara una sonrisa de asco permanente. Entre el género masculino se encuentra el de Mike, que parece ser el cabecilla de su grupo, con Jimmy como mano derecha.
No me doy cuenta de lo fijamente que les estoy mirando hasta que Mike eleva los ojos y los clava en mí, riéndose. Yo bajo la mirada hacia las tostadas, fingiendo gran concentración en cortarlas y llevármelas a la boca. Pero miro en el preciso instante para ver como un chico de otro grupo, que no pega para nada con Mike, le da unos toques en el hombro y le pide hablar con él en privado. Jimmy, que estaba contando una interesante historia con grandes gesticulaciones, se para a la mitad para mirar al intruso de manera despectiva. Todos guardan silencio mientras observan como se lleva a Mike a un lado.
Veo como susurran rápidamente, como si estuviesen peleándose por algo. De pronto los dos giran la cabeza para mirarme, y yo me quedo tan sorprendida que soy incapaz de mirar hacia otro lado.
Salgo del comedor lo más rápido que puedo, y me encuentro en la puerta al chico que hablaba antes con Mike.
-Hola-me saluda.-Eres la nueva, ¿no?
-Angela-le tiendo la mano. Él me la estrecha, sonriente. Lleva una gorra hacia atrás que tapa su rizado pelo castaño y una camiseta muy ancha. En las manos sostiene un skate que se nota que está muy usado. En un instituto pertenecería al grupo de los "skaters", pero aquí, a saber...
-Ray. ¿Sabes?-me dice señalando su tabla.
-Algo sí-digo encogiéndome de hombros. Lo cierto es que patino de lujo. Un a migo me enseñó hace unos años y he practicado casi todos los días desde entonces.
-Entonces ven.- Me guía por detrás de edificio hasta que llegamos a una pequeña pista para skaters muy bien construida. Hay bastantes chicos en ella, deslizándose por los tubos y saltando en los montículos. Solo se oyen las ruedas contra el suelo y algunos gritos de júbilo entremezclados.
Ray me tiende su tabla, animándome a patinar. Yo la agarro decidida y me lanzo sin pensar por el tubo. El viento echa mi cabello hacia atrás y los ojos me lloran un poco, así que acabo por cerrarlos. Siento que vuelo, que soy inmune a la gravedad y no hay barrera capaz de detenerme. A veces, cuando estoy sobre el skate, siento que, por un momento, conozco el significado de la palabra «Libertad».
De repente, me choco contra algo que me tira del skate, haciéndome caer sobre algo duro con tacto de tela. Abro los ojos y me encuentro con que estoy encima de Mike, que me mira burlándose de mí.
-Es imposible ver con los ojos cerrados-me dice. Me quito de él con las mejillas rojas y el corazón a mil por hora.
-Que yo sepa tú los llevabas abiertos, así que me habías visto-le acuso.
-No contaba con una patinadora suicida-replica.-Aunque eres bastante buena-me admite.-¿Por qué no vienes conmigo esta noche?
-Ya veré-le dejo con la duda. Eso parece gustarle, y se da por satisfecho. Me dirijo a coger el skate, que por suerte no ha sufrido ningún daño, y se lo doy a Ray.
-Oye, Angela-me llama, agarrándome del brazo cuando me disponía a irme.-¿Haces algo esta noche? Me gustaría que vinieras conmigo al cine que ponen este viernes en la sala del cine.
-Me lo pensaré-le digo. Al parecer todos los viernes ponen películas en la sala del cine del reformatorio para entretener a los presos.
Una sola noche y dos citas. ¿Es mi día de suerte? ¿A cuál debería ir? Mike me lo ha pedido antes, así que tendría preferencia. Pero una voz en mi mente me susurra que esta preferencia no se debe precisamente a que haya sido el primero.

jueves, 26 de mayo de 2011

Capítulo 5. Una sombra en la noche.

Jimmy se acerca al sitio de Mike mientras yo le sigo mirando. Me está diciendo que no voy a salir de aquí ni en mis sueños. Vaya, si me quedaba algo de esperanza ya se ha encargado él de acabar con ella.
Jimmy alza el puño hacia Mike. Sí, pégale, pienso con cabreo. Aunque dudo de que aunque Jimmy quisiese pegarle lo consiguiese. Mike parece mucho más rápido, ágil y fuerte.
Pero Mike le choca el puño como si nada. Son amigos. No lo puedo creer, un chico tan agradable como Jimmy, ¿amigo de esa especie de "destroza-sueños"? El mundo está definitivamente loco.
Jimmy se gira hacia mí con una sonrisa.
-¡Angela!¿Te ha gustado la clase?-se interesa. Qué mono es... Pero por detrás veo a Mike, sonriéndome como si se riese de mí y me dan ganas de darle de bofetadas para que se aleje de él.
-Lo cierto es que no me he enterado mucho-admito, jugando con mi pelo. Jimmy mira a Mike.
-No se callaba, ¿no?
-No tengo la culpa de ser tan encantador-dice Mike encogiéndose de hombros.
-¡Claro que no!-le da la razón April, apareciendo por allí como por arte de magia. Será pelota...
-Pues Literatura es de las mejores clases que hay aquí-me avisa Jimmy.-Las demás son un lento asesinato.
Pero yo no le esucho. Estoy observando a April, que mira con ojitos de cordero a Mike, que la ignora. Lo cierto es que dado lo atractivo que es Mike y lo poderosa que parece April, pensaba que estaban saliendo. Entonces April, al darse cuenta de que Mike la ignora, deja caer sus libros como si nada al suelo, y pone cara de pena.
-Mike,-le llama, haciéndose la víctima- ¿puedes cogerlos?
Mike se agacha a cogerlos y se los da, pero me mira a mí. Entonces parece como si se despertase y viese a April por vez primera. La sonríe con todos los dientes y la paso un brazo por los hombros. April pone cara de suficiencia y salen los dos juntos por la puerta. A lo mejor sí que están saliendo. Lo más probable es que sí, pero no me atrevo a preguntárselo a Jimmy, que me sigue hablando como si nada.
-¿Tú lo entendiste?-me pregunta después de cinco minutos de monólogo. No me he enterado de nada de lo que me ha dicho así que le contesto:
-Lo cierto es que no-me encojo de hombros.-Pero me tengo que ir corriendo a clases de Matemáticas-digo, mirando el horario.- Luego te veo-me despido.

Ya son las doce de la noche después de un día agotador de clases a las que casi no sobrevivo. ¿Cómo voy a aguantar un año si no he aguantado ni un día casi? Y encima no puedo dormir. Hace mucho calor asíque salgo de la cama y me dirijo al alféizar de la ventana, que es lo suficientemente ancho para permitirme sentarme. Dejo que el viento me eche el pelo hacia atrás mientras miro el recreo, iluminado por la luz de la luna.
De repente, una sombra oscura aparece en la esquina de un edificioy sale corriendo para llegar al recreo. Desde ahí, mirando a un lado y a otro para comprobar que nadie la ve, corre hacia otro edificio, donde se cuela. Yo me la quedo mirando, esperando que haya sido tan solo mi imaginación. Según me han informado, los edificios se cierran a las diez y está completamente prohibido salir de los edificios.
Lo atribuyo a mi sueño y me meto de nuevo en la cama, dispuesta a dormir.

sábado, 21 de mayo de 2011

Capítulo 4. Mike.

-Violé a una chica-dice con tranquilidad.  Yo abro mucho los ojos, y me empieza a entrar miedo. ¿Y si me viola? Tengo ganas de alejarme corriendo de él y... Todo se interrumpe cuando suelta una carcajada. Era una broma. El muy cabrón se está quedando conmigo y mi cara debe de ser todo un poema.-Me metí en demasiadas peleas que no acabaron demasiado bien.
-¿Mataste a alguien?-La alternativa sigue sin ser demasiado tranquilizadora. Niega con la cabeza.
-Aunque ganas no me faltaron-dice con rencor. Me dan ganas de preguntarle, pero dudo que me conteste.
-Señorita Hope, ¿quiere ilustrirnos usted?-me llama la atención la profesora. Noto todas las miradas de la clase puestas en mí, a la espera de que falle y puedan reirse. Bueno, pues es un placer que no les pienso conceder.
Alzo la cabeza y les pongo cara de asco, cuando le digo a la profesora:
-No, gracias.-Nadie se ríe, excepto (otra vez) mi compañero.
-¿Esque te hace gracia todo lo que digo?-le pregunto con frialdad en un susurro.
-Creo que te tomas demasiado enserio a ti misma, Aladdina-me susurra con una sonrisa.
¿«Aladdina»?¿Cuándo hemos pasado a tener tanta confianza?
-¿Aladdina?-le pregunto.
-Aladdin era un ladrón, y tú también lo eres, por lo tanto eres Aladdina-me dijo como si fuese imbécil y me costase. Me estaba cansando de sus aires de superioridad. Me daban ganas de zarandearle y gritarle: "¡No estoy loca!". Pero entonces le demostraría que, en efecto, lo estoy.
-¿Y cuál es tu nombre, si se puede saber?-le pregunté.
-No, no se puede saber-se burló de mí. Le miré con odio. ¿Por qué le gustaba tanto volver mis propias palabras contra mí? Soltó una risa antes de decir:- Mike.
-Mike-repetí yo-, ¿nunca te han dicho...?
-¿Lo guapo que soy?-me interrumpió su ego.
-No, que tus motes son una mierda.- Zasca. A ver qué contestaba el listillo.
Se limitó a soltar una risita al decir:
-Créeme que es el mejor mote que te pondrán aquí.
Sí, me dejó callada. Volví a mirar a la clase y a pensar en el futuro. Una sensación de ahogo y encarcelamiento se asentó en mi tripa, al pensar en el largo año que me quedaba ahí. Y a cada segundo que pasaba, parecía más largo en vez de acortarse.
Miré a Mike, que estaba relajado, mirándome con una clara burla en los ojos. Sabía lo que estaba pensando, como una persona con experiencia sabe leerle la mente a un novato. Yo tan solo era el ratón nuevo en una cárcel llena de gatos. Sin escapatoria.
"Debo de padecer el síndrome del recién encarcelado, nada más", me intenté consolar. Seguramente todos habían acabado por acostumbrarse a esta vida y a tomárselo como un internado normal. Seguía con la esperanza de que mis padres apareciesen de un momento a otro y me sacasen de allí.
Mike seguía mirándome. Y, con una sonrisa de medio lado, me susurró:
-Siento decirte que aquí no hay lámparas mágicas, Aladdina.

jueves, 19 de mayo de 2011

Capítulo 3. La nueva.

El despertador suena a las siete de la mañana. El desayuno no empieza hasta las ocho, pero no quiero ir apurada.
Miro hacia la cama de April y veo que la he despertado y se está frotando los ojos. Me dirijo al baño, pero ella ve mis intenciones y sale corriendo, empujándome a un lado, para llegar ella antes. Cierra la puerta mientras yo sigo anonadada. Desde luego, mi impresión sobre ella no está mejorando, precisamente.
-¡Date prisa!-le grito a April.
-¡Haberte levantado antes!-me grita con una carcajada.
Como ya suponía, acabo vistiéndome a toda prisa porque April ha tardado 45 minutos contados en salir del baño. Me mira con una sonrisa malvada mientras yo me agobio. No me va a dar tiempo ni a desayunar.
-¡Mira que eres lenta!-me dice antes de salir por la puerta con una sonrisa airada. Menuda gilipollas.
Acabo de vestirme y me dirijo con prisas al comedor sin mirar ni adonde voy. Ni siquiera sé donde está el comedor. Con tan mala pata que tropiezo con un chico y casi le tiro.
-¡Angela!-me saluda. Paro un momento y le miro. Es Jimmy. O más bien Jimmy el salvador, porque acaba de salvarme la vida.
-Jimmy, me he perdido-digo con tono lastimero.
-¿Adónde vas?-me pregunta con una sonrisa encantadora. Yo abro la boca para contestarle, cuando mis tripas protestan.-Ah-dice con una carcajada.
Me acompaña al comedor mientras me habla. Esto promete.
-¿Cuál es tu primera clase?-me pregunta. Miro el horario que llevo en la mano y contesto con un suspiro:
-Literatura universal.
-Entonces allí te veo-se despide, cuando me doy cuenta de que estamos ante las puertas abiertas del comedor.
Hileras de mesas de madera se extienden ante mis ojos. Al fondo, una especie de buffet con cereales, leche, tostadas, bacon, huevos y tortitas. Mi estómago ruge como diciendo "¿a qué esperas? ¡Ataca!" Y yo no me hago de rogar, yendo directamente a por las tostadas.
Podría deciros que comí saludablemente rodeada de gente amable que bebía las palabras que salían de mi boca, pero lo cierto es que comí más sola que la una y tanto que acabó doliéndome la tripa.
Y aquí estoy, en clase de Literatura, a punto de vomitar.
-Tenemos una nueva adquisición en la escuela-dice la señorita Ray, la profesora de Literatura. Genial, ahora soy un objeto. "Adquisición". Qué mal suena.-Espero que se sienta bien recibida en una escuela donde las personas labran su futuro sin importar lo que han hecho-me recuerda, poniéndome una mano en el hombro.
Bonito discurso, sí señor, pero yo hubiese cambiado algunas cosas. Hubiese dicho: "espero que se sienta bien recibida en una escuela donde los delincuentes en potencia son encerrados y apartados del mundo por sus delitos, mientras se les hace creer que es un instituto normal y corriente". Aquí las típicas animadoras repelentes son camellos piradas y astutas. Los típicos jugadores de rugby, tios que se metieron en peleas y robaron bancos a mano armada. Permítame contradecirla, profesora, pero esto está muy lejos de ser una escuela normal.
Me dirijo a mi sitio en silencio, con la cabeza bien alta, mientras todos me dan un repaso y me cuelgan la etiqueta de «novata», que espero que no sea la misma que «persona a la que putear», o acabarán mal. Me canso de sus miradas cuando ya estoy sentada en mi pupitre en última fila y salto:
-¿Qué cojones estáis mirando?-Con la respectiva cara de asco. Todos se giran de nuevo a mirar hacia la profesora, con un pelín más de respeto.
Todos menos el tio que se sienta a mi lado, que no me ha mirado en ningún momento excepto cuando he entrado, y que no me mira ni ahora, cuando suelta una risita por lo bajo. Es moreno, con los ojos más verdes que he visto en mi vida.
-¿Qué te hace tanta gracia?-le ladro, prácticamente.
-Tú.-Me mira al fin, a través del oscuro flequillo que le tapa los ojos.-No cuela el papel de chica dura.
-No interpreto ningún papel, solo advierto de lo que ocurrirá de molestarme.
-No ocurrirá nada. No creo que te hayan destinado aquí por ningún delito grave.
-Depende de lo que consideres grave.
-¿Qué hiciste?
-Robar.
-¿A mano armada?-pregunta, divertido.
-No, solo cogí y me pillaron-me encojo de hombros.
-Lo que yo decía.
-¿Qué te pasó a ti?-Ahora tengo curiosidad.

Capítulo 2. April.

Estoy mirando todavía con desesperación mi nuevo cuarto, cuando aparece una chica bajita, rubia de ojos marrones con una mirada acusatoria.
-Tú debes de ser la nueva-dice con resentimiento en su voz de pito. Parece que se haya tragado un globo de helio. Aunque es bastante mona y parece la típica con un ego descomunal. No nos vamos a llevar bien. Con esa voz no estoy segura de que vaya a poder aguantar ni un día sin desear abofetearla.
-Supongo-digo con un suspiro, tirando la maleta encima de la cama, con resiganada aceptación de mi derrota.
-Pues dejemos las cosas claras-susurra como una serpiente, acercándose con el ceño fruncido. Intenta intimidarme, pero tendrá que esforzarse más. No soy fácil de asustar.-Yo estaba aquí antes que tú y no pienso renunciar a mi espacio por una novata. Yo mando, tú acatas mis órdenes.-Dios, es realmente ridícula. Pero, ¿qué podía esperar? Esto no es Zoey 101. No estoy en un campus compartiendo habitación con dos chicas encantadoramente insufribles que acabarán convirtiéndose en mis mejores amigas.
No, señor. Estoy en un jodido reformatorio con un pequeño pendón por compañera. Va de mal en peor.
-No seas tan dura con la nueva, April. Es su primer día-dice un chico moreno desde la puerta. Tiene los ojos marrones y cálidos. Es la primera persona que encuentro que no encuadra con el prototipo del reformatorio: chico duro lleno de tatuajes, desagradable, amargado y sucio. Vale, a lo mejor ninguno es así, pero en mi imaginación así son todos.
Y sí, ya sé que solo conozco a una persona. Una persona que le mira con ojos de corderito, moviendo el pelo de un lado a otro y flirteando descaradamente.
-Solo estaba estableciendo unas normas, Jimmy.-Su voz de pito es ahora melosa e insufrible. Desde luego, cambiando el tono no consigue que suene menos desagradable.
Yo pongo los ojos en blanco y empiezo a deshacer la maleta. Oigo como Jimmy se acerca a mí y me giro cuando me tiende la mano.
-Jimmy-dice con una sonrisa. Le estrecho la mano con fuerza, devolviéndole la sonrisa, agradecida de que me haya salvado de semejante víbora.
-Angela.
-Jimmy, te agradecería que salieses, que me tengo que cambiar-dice con un mohín. Genial, la típica egocéntrica que se pone de mal humor cuando no es el centro de atención. Va a ser un año cojonudo, pienso con sarcasmo.
Jimmy sale, mientras me dice:
-Espero verte por ahí, Angela.-Como si tuviese otro sitio en el que estar.
April le cierra la puerta en las narices y me mira con fastidio. Yo sigo deshaciendo mi maleta, ignorándola.
-¿Qué has hecho para que te metan aquí?-me dice entrecerrando los ojos. Su curiosidad puede con su desagrado.
-Matar a diez personas-la digo en un susurro, intentando acojonarla y que me deje en paz.
-No me engañes-dice poniendo, otra vez, los ojos en blanco.-En este reformatorio no hay asesinos, solo delitos un poco menores.
-Robar-digo con un suspiro. Estoy aliviada al pensar que al menos no tendré que convivir con grandes pirados.-¿Y tú?
-Drogas. Las vendía-dice con orgullo.
Ahí se acaba toda nuestra conversación. Y no puedo decir que me entristezca.
Y entonces llega la fase depresiva. No puedo creer que vaya a tener que vivir con miss Pendón 2011. Sabía que no iba a ser divertido, pero esperaba al menos tener una amiga que me ayudase. O por lo menos una habitación individual.
Luego la fase positiva: bueno, al menos Jimmy es majo. ¿Quién sabe? Podría ayudarme a sobevivir en este sitio. Y es bastante guapo, la verdad.
Y la desilusionadora: las expectativas de un futuro mejor se empiezan a desdibujar en mi mente. No voy a poder volver a casa hasta dentro de un año. Un maldito año encerrada aquí. ¿Cómo voy a sobrevivir?

Capítulo 1. El St. Royal.

-Me niego a ir-digo con enfado.
-Me da igual, tienes que ir, Angela-contesta mi padre. Siguen enfadados, qué novedad, pienso con sarcasmo. Últimamente la ironía ha sido mi último refugio, aunque al juez no le agradase demasiado.
El juicio fue una auténtica mierda. La dueña de la tienda me acusaba de haberla robado una pulsera de oro, y el juez la daba la razón. Técnicamente no podía declararme inocente, ya que era cierto que la había intentado robar, pero era para el regalo de un amiga y lo había hecho con las mejores intenciones. Eso debería contar, ¿no? Pero el juez, un amargado y frio viejo, no coincidía conmigo. Así que me condenó a un maldito reformatorio cerca de Alabama por ser mi tercera infracción de la ley. ¡Hay que joderse! ¡Para siete veces que robo y me pillan tres! Decidí en esos momentos no dedicarme a ello en la posteridad o acabaría arruinada y en chirona.
Miro el folleto del reformatorio al que llamaban "Colegio St. Royal". Tienen un millón de actividades como drama, pintura, fotografía, clases de canto, talleres de manualidades... Menudos hipócritas engañosos. Hacen todo eso para crearte la falsa ilusión de que ese sitio es como un colegio, cuando en realidad es un maldito reformatorio. Parecido a un colegio, sí, pero lleno de jóvenes delincuentes.
Llegamos a la puerta del St. Michel y mis padres paran el coche en la puerta. Se bajan del coche y me obligan a apearme a mí también. Sacan mi maleta del coche y me la ponen en las manos.
-No me dejéis aquí, por favor-les suplico. Mi madre se apiada un poco de mí y me besa en la frente. Mi padre me da otro beso pero más frio. Y, subiéndose al coche, me dice:
-Pórtate bien.
Y se largan. Qué cabrones... ¿Para eso estan los padres? ¿Para abandonarte en colegios de pirados por un pequeño delito? Me cago de nuevo en el juez mientras atravieso la puerta metálica del reformatorio, que me ha abierto el guarda de la puerta.
La que debe ser la directora de ese antro me espera en la enorme puerta de roble.
-Thomas, ayuda a la señorita Hole a llevar su maleta-le dice a un hombre bajito pero fuerte que esta un poco más lejos. Éste la agarra como si no pesase lo más mínimo.-A la habitación 314.
Thomas obedece y se aleja con zancadas decididas.
-Bienvenida, señorita Hole-me dice la directora con una sonrisa, tendiéndome la mano. Yo se la estecho sin ganas y la sigo cuando se pone a caminar hacia el interior del edificio.-Yo soy la directora Matthews. Estoy aquí para ayudarla en cualquier cosa que necesite y darla orientación. Quiero que los jóvenes salgan de aquí comprendiendo que en el futuro pueden rectificar sus errores y tener una vida feliz, alejada de los hechos pasados.-Da su breve discurso con una sonrisa, mientras yo miro lo que será mi alojamiento en el próximo año. Las paredes frías son de piedras, las ventanas, aunque grandes, estan cubiertas de unas asquerosas rejas negras. Los pasillos son luminosos, pero cada paso resuena hasta perderse en la distancia. Subimos por unas escaleras en espiral hasta llegar, casi sin aliento, al segundo piso. De acuerdo, es posible que mi fondo físico deje mucho que desear, pero ¿qué queréis que os diga? No le encuentro la gracia a correr y matarse a hacer deporte.
Seguimos andando por otro corredor hasta que la directora se para enfrente de una puerta con el  314 en números romanos. Saca una llave y la abre, guardándose otra vez la llave en el bolsillo.
-¿No me da la llave?-la pregunto tendiéndola la mano.
-Aquí todos confiamos en todos-dice con una sonrisa.
«Pues será usted, porque yo no me fío un pelo de todos estos delincuentes»,me hubiese gustado contestarla. Sí, yo también entraría en ese término "delincuente", pero mi caso lo consideraba injusto.
-Su maleta ya está aquí, señorita Hole. Espero que la habitación sea de su agrado.-Y se aleja todavía sonriente. «Sin duda lo será», pienso con ironía.
La habitación está compuesta por dos camas, dos mesitas de noche, dos armarios y un solo baño. Y eso solo puede significar dos cosas: uno, tendré que convivir con alguien más; y dos, tendré que compartir baño.
Este sitio es, definitivamente, un infierno.